COINCIDENCIA SIGNIFICATIVA (a la memoria de Carl Gustav Jung)

El ser peludo y algo encorvado, se deslizó por una liana a la maraña del bosque inferior. El pertenecía a los follajes, a las altas copas. Pisó la tierra cubierta de restos vegetales, habitada por hormigas, reptiles y pequeños mamíferos. A su alrededor, las cosas se veían difusas, a causa de la luz velada por la maraña del bosque de arriba. La temperatura también era más baja, el aire estaba impregnado de humedad y de olores, varios de ellos producidos por la putrefacción. No obstante ser la primera vez que bajaba de los árboles, se dirigió con paso seguro, si bien bamboleante, ya que caminar por el suelo no era lo suyo, a un grupo de arbustos, que cerraba la entrada de lo que parecía la boca de una cueva.

Apartando los arbustos, miró extrañado a través de la entrada. Él no se daba cuenta, pero era un arco de piedra, de medio punto, lo que quedaba de un portón o una ventana de algún edificio en ruinas, de construcción muy antigua. Avanzó por lo que quizás habría sido una sala, plagada de malezas y enredaderas de todo tipo, y llegó a un pequeño cubículo de piedra, también en ruinas, en el que había algo que parecía una pequeña caja de madera, cubierta por una roca bastante pesada.

Le costó bastante trabajo al ser peludo quitar la piedra. Tironeó y empujó, hasta que la hizo rodar hacia afuera. La caja de madera, muy deteriorada, apareció entera ante su vista. La olfateó, la golpeó, y finalmente pudo abrirla. Dentro de la caja había un violín con su arco. El ser tomó el violín con la mano izquierda, con la derecha empuñó el arco, y durante tres minutos tocó sin desafinar una sola nota, el Adagio  en Sol Menor, de Albinoni.

Todo alrededor pareció congelarse, paralizarse, detenerse mientras duró el adagio. La poderosa melodía surgía de la combinación instrumento/ejecutante, envolviendo todo el entorno con su magia de barroco tardío, creando un universo dentro del universo, una realidad irreal, un absurdo bellísimo.

Terminó la ejecución. Todo cobró vida nuevamente. El ser peludo dejó el violín y el arco en la caja, y de cuatro saltos salió del edificio en ruinas, y se encaramó a lo más alto de la copa de un árbol. Luego de balancearse un rato en las ramas superiores, bañadas por el sol, se juntó con el resto de sus semejantes, emitiendo guturales sonidos inarticulados.

General Pacheco, 20 de diciembre de 2012

 

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