PEQUEÑA, JUGUETONA… Un cuentito de 1990

El hombre pasó por delante de la veterinaria, y la vio en la vidriera.  Negra, lustrosa, cubierta con ese vello espeso que la hacía parecer hecha de peluche. Se estaba quieta como sin vida, pero con las patas extendidas como una mano abierta. Como dos manos abiertas, se diría. Entró y preguntó el nombre y el precio.  “Tarántula sagrada de El Zaire”  dijo el empleado. “Doscientos cincuenta mil.  Es muy mansita. ¿Quiere ver cómo juega? El empleado la tomó de la caja de vidrio con la misma confianza y solicitud conque tomaría un gatito. El arácnido, al sentir el calor de la mano, pareció cobrar vida. Sus patas se aferraron al brazo del empleado, comenzando a trepar por la piel rosada; parecía emitir chispas negroazuladas con sus ocho patas peludas, a la luz de los tubos de neón.  “¡Mire qué juguetona! La trajeron ayer en avión, directamente del África”. El empleado le acariciaba el lomo peludo y lustroso. El hombre sacó de la billetera y puso dos de cien mil y uno de cincuenta sobre el mostrador. “¿Qué come?” preguntó. “De todo. En la cajita van las instrucciones” respondió  el empleado,  mientras recogía el dinero. En tanto la araña, algo más grande que la mano de un hombre, se le subía sobre la cabeza.

“¡Es tan juguetona!…”

El hombre salió de la veterinaria con dos dedos enlazados al cordel que envolvía la pequeña caja de cartón. Un rumor incesante, como el rascar de los ratones, transmitía su vibración al hilo. Llegó a su departamento de hombre solo, encendió la luz, recogió el diario, y se fue derecho a la cama con su nuevo juguete.

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Cuando la policía encontró el cadáver, luego de hacer saltar – a pedido de los vecinos – la cerradura de la puerta del departamento, el diagnóstico del forense fue: “Muerte por intoxicación causada  por picadura de araña altamente venenosa”.

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“Martín”, dijo el encargado de la veterinaria a su empleado. “Mira, la pequeña ha regresado”.

“Siempre vuelve, patrón”, respondió éste. “Es tan cariñosa la pequeña, tan juguetona…”

Una mano negra, peluda y lustrosa, se deslizaba velozmente por el mostrador.

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This entry was posted on Sunday, December 2nd, 2012 at 2:29 pm and is filed under Cuento. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

2 Responses to “PEQUEÑA, JUGUETONA… Un cuentito de 1990”

  1. viviana lavarello Says:

    espantoso !!!como los de Horacio Quiroga, terror tengo a las arañas.

  2. juancarlos Says:

    Que tú tengas aracnofobia, no quiere decir que el cuento sea espantoso. Es un cuentito nomás, que muestra algunas perversidades. Gracias, Viviana. Chau.

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