LIDERAZGO Y CAOS

Río que se sale del cauce, se desborda, pierde fuerza, dirección y velocidad, y puede llegar a convertirse en laguna, o quizás en pestilente pantano.

La cosas siempre tienen un porqué. Y una forma. Este mismo escrito tiene un comienzo, un cuerpo y un final. Lo que no se hace en base a un modelo, a una idea general de su alcance y proyección, fracasa.

La humanidad, desde que el hombre comenzó a desarrollar un lenguaje, y éste fue ratificado por la escritura, ha venido actuando en base a distintos modelos, a distintos proyectos de vida creados o elucubrados por sus líderes naturales. Estos proyectos delineaban un modo de vivir higiénico y moral, que permitía que la conducta de los pueblos fuera natural y prácticamente sensata para contener la violencia instintiva en el hombre, y evitar, o por lo menos tratar de evitar que los individuos integrantes de los grupos sociales se destruyeran entre sí.

Cualquier animal que por primera vez se enfrenta a un espejo, tiende a atacar a la imagen reflejada.

Las religiones surgieron de dos necesidades básicas del hombre: El dar una explicación a las cosas que para las diferentes culturas resultaban inexplicables, y para canalizar la conducta de la gente, suavizar la violencia y estimular a la convivencia; no solamente de los pueblos, sino de la misma familia. Saturno se comía a sus hijos. Hay muchas fieras que se comen a sus propias crías.

El instinto de supervivencia es el primer motivador de todo ser vivo, y por lo tanto es lo primero que ha debido ser encauzado y normado para que los propios hermanos no se maten entre sí. Entre las aves, los pichones más fuertes reciben mejor comida, y empujan y arrojan del nido a los más débiles. Los pichones del cuco y del tordo, que nacen en nido ajeno, empujan fuera del nido a los huevos y pichones de los padres que los albergan. En un bote procedente de un naufragio, si la comida no alcanza para todos, se reparte de modo que nunca le falte al capitán, al líder que los conduce. Todo pueblo necesita de un líder, y si éste no surge naturalmente, ese pueblo se disgrega, pierde su identidad, y desaparece.

¿Qué hace falta para que un pueblo mantenga su identidad, su unidad, y progrese? Normas de conducta. Como decía al principio, el hombre necesita que le expliquen el porqué de sus propias reacciones, y le indiquen el camino que debe tomar para transitar la vida sin mayores inconvenientes. ¿Y quiénes deben proporcionar esas normas? Los líderes. Abraham, Buda, Moisés, Pitágoras, Zoroastro, Jesús, Mahoma… Los grandes pensadores: Confucio, Lao-Tsé, Sócrates, Platón, Aristóteles; Los pensadores modernos: Husserl, Heidegger, Sartre, Camus, Jung, Freud… Y los grandes estadistas: César, Carlomagno, Napoleón, los Romanoff, Hitler, Churchill, De Gaulle…

El hombre necesita canalizar sus instintos: El de matar para vivir, originalmente seria la caza. Luego, el robar al vecino, como variante para alimentar a su familia, matando al vecino, y apoderándose de su mujer, de sus hijos y de sus bienes materiales.

Apoderándose: Tomando el poder.

Ese es otro de los impulsos instintivos de la especie humana, al igual que cualquier otra especie animal que habite en esta tierra. El poder es el instrumento para mantener lo que se ha conseguido, y cuidar de que no desaparezca ni se deforme es el liderazgo. Esta condición es natural en el hombre, y en la mayoría de las especies animales. Con mayor o menor intensidad, el liderazgo esta innato en cada individuo, y para desarrollarse necesita vencer a los demás posibles líderes, para que no molesten en el curso de su plan, de su modelo. El ejemplo más claro es en la manada de lobos. Es necesario, fundamental, que haya un Macho Alfa. Es el único que se atreve a levantar la cola. Es el primero que come, pero también es el primero que protege a su clan, que le indica qué senderos deben tomar, cómo se debe cazar para vivir, y cómo hacer frente a los inconvenientes del entorno. Entre los babuinos ocurre algo parecido. Al jefe, todos los integrantes del grupo le ofrecen sus traseros, sin distinción de sexo. El Jefe decidirá.

En resumen, si no hay un líder, el individuo – hombre, lobo, babuino o lo que fuere, no habría un modelo, cada uno haría lo que le da la real gana, no habría deportes, recordemos que los deportes son un sustituto de la guerra, en un tiempo, la mayoría de los deportes terminaban con la muerte del adversario. En todas las culturas.

Actualmente se habla de los adolescentes, y se critica como nunca su conducta desordenada, desmañada. Pero ¿Quién debe orientar a los adolescentes? El líder natural, el Jefe de familia. El padre. (O la madre, en su función fundamental, que no es sólo el dar la vida, sino proteger y encaminar – por lo menos en los primeros tiempos – la vida y la conducta de su prole). En segundo lugar, el maestro, o el guía religioso. Y por último, el gobernante, que es quien tiene a su cargo el cuerpo de la sociedad, compuesto por células que son las familias, o individuos.

En forma menos taxativa, cabe también la misma responsabilidad a los jefes de las iglesias representativas de las grandes religiones, orientales y occidentales.

Ahora bien: ¿Qué sucede si un gobernante no es capaz de contener el impulso animal de la sociedad que protege y encamina? ¿Y si ese gobernante, ayudado por la propaganda, deforma, modifica o elimina los patrones de conducta del pueblo del que es responsable, para satisfacer su ansia de poder o de riquezas? Se produce el caos social.

En ese caos social, semilla del apocalipsis cultural, y por lo tanto absoluto para un pueblo, vivimos actualmente los habitantes de la República Argentina. Vivimos en un caos organizado. Organizado al único efecto de demoler nuestras defensas culturales ante el saqueo y el pillaje de dirigentes que implementan un modelo que sólo se encamina a eternizarlos en el poder, y a llenar aún más sus arcas, abarrotadas de bienes materiales que hasta han sido sacados del país, para poder disfrutarlos impunemente, ellos mismos, así como sus hijos y descendientes.

Un edificio – la sociedad – se arma con ladrillos. Cada uno de nosotros somos un ladrillo en las paredes que defienden nuestro ámbito, y nuestras familias son los cimientos que lo sostienen. Si somos capaces de tomar conciencia de esto en un momento en que el mundo no da ninguna pauta, no muestra ningún camino, en el que parece no haber ninguna salida, porque quienes tienen poder de decisión – no sólo en nuestro país, sino en el mundo entero – parecen haber perdido el timón, contribuiremos, en una forma más que efectiva, a reconstruir nuestra querida Nación.

No es malo que haya líderes. Por el contrario, es necesario. Pero más que necesario, es fundamental que esos líderes gobiernen con amor verdadero por su pueblo, con inteligencia y habilidad para bien de todos los argentinos.

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This entry was posted on Sunday, September 16th, 2012 at 8:29 am and is filed under Artículos. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

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