TITANIC Y OLVIDO (Impresiones y proyección de un náufrago)

Me agarro con desesperación a los trozos de cultura helada que flotan en el mar de la incomunicación. Soledad del náufrago del Titanic que para no hundirse en el olvido total se aferra a los trozos de hielo flotantes, incluso sabiendo que se aferra al enemigo. El mar y el iceberg son elementos culturales perennes e inconscientes, mientras que el Titanic y sus pasajeros y tripulantes son finitos y falibles. El choque ha sido incidental, un punto en el tiempo sin referencias. El tiempo es el mar, y el mar es el tiempo. En su momento, los trozos de hielo se derretirán, y la madera y los metales se hundirán, mientras el cuerpo del hombre se desintegra, se pudre, o es comido rápidamente por los habitantes del olvido.

Todo desaparece en este mar que continúa con sus intermitencias, en un permanente actuar gatopardista; el choque del barco con el iceberg tuvo su dimensión, su espacio y su tiempo. El hielo se convierte en agua (todo pasa), el tiempo transcurre, y sólo permanece lo que el hombre ha creado – aunque no definitivamente – (sólo perdura el sílex).

¿Cómo reemplaza el hombre el mutismo del sílex? Creando con el espíritu, con las manos, con el sexo. Las creaciones humanas son preservadas por la historia; desde ya, la historia es una sucesión de relatos subjetivos, en los que cada quien pone lo suyo antes de relatar, o mientras relata los hechos. Qué sucedió. Cómo sucedió.

El espíritu, la mente, la cultura como conocimiento y su aplicación conforman la obra del hombre – realidad y mito – que construye en base a elementos permanentes y cuasipermanentes, creaciones regidas y organizadas por manifestaciones culturales expresadas por medios de comunicación perecederos. Así se han encontrado imponentes ruinas sumergidas en el mar, o en la soledad ventosa de la montaña, bajo el asfalto de modernas ciudades o en medio de bosques espesos e intrincados, y no se sabe qué eran, para qué servían, y no es posible – actualmente – determinar quiénes las construyeron. Entonces el hombre comienza a elaborar teorías sobre las pirámides y los cromlechs.

Lo importante es crear objetos, mecanismos e instituciones que sean realmente útiles para nuestra cultura.

El hombre ha equivocado su camino. Lo ha equivocado en razón de su codicia, algo que ha dado forma a las sucesivas transculturaciones que la humanidad ha sufrido, fruto de lo que el hombre llama “sentido de la propiedad”; “yo soy”, luego “yo tengo”, “yo me alimento, yo alimento a mis mujeres, y preservo a mis posesiones mejor que tú a las tuyas”. Soy más fuerte, soy superior.

El mar es el olvido porque se asocia con la muerte, con el lapso prenatal, con la noche, y con el No. El hombre Es mientras hace, mientras produce, mientras crea. Pero vive pensando en no hacer, en no trabajar, en no estar, en no ser. Todos los hombres se sienten Sísifos, pero más de uno – si pudiera – largaría la piedra, aunque algunas de las piedras tuvieran el tamaño y el peso de un grano de arena.

Se trata de ir hacia el No, disfrutando del Sí temporal o provisorio. Muchos reemplazan al Soy por el Tengo, y de esos poderosos, que no saben contestarte si le preguntas “¿Quién eres?”, que no conocen la dimensión exacta de sus posesiones, no va a quedar ninguna huella, ni siquiera la que deje el Titanic, hundido en el mar del olvido.

En mi oficina, 8 de noviembre de 2011

JUAN CARLOS LAVARELLO

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One Response to “TITANIC Y OLVIDO (Impresiones y proyección de un náufrago)”

  1. Cecilia de Camaño Says:

    Excelente relato, con cuestionamientos que nos permiten profundizar la existencia misma del ser humano con su realidad, sus pensamientos y la percepción de su ser frente al espejo que refleja sus fortalezas y debilidades.

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