D R U B O
Un viernes por la mañana encontré al drubo. Abrí el cajón de mi escritorio, y allí estaba. Al principio lo confundí con un lápiz, pero entonces se movió, y emitió un leve “bip”. Lo miré sorprendido, y usando un lápiz verdadero esta vez, lo toqué suavemente. Se encendió entonces, despidiendo una suave luz azul y comenzó a vibrar, emitiendo un zumbido algo desagradable. En ese momento entró Dolly, mi secretaria, trayéndome una carpeta que le había pedido hacía un momento, y mirando al extraño objeto dijo como sin darle importancia: “Ah, es un drubo”; inmediatamente se fue en dirección al toilette. Por discreción, ya que su destino era manifiesto, no quise detenerla para preguntarle qué era este singular lápiz que vibraba, “bipeaba” y se movía.
Durante la media hora siguiente permanecí sentado en mi sillón, ante mi escritorio, observando el extraño objeto. Apenas podía dominar la ansiedad que sentía por llamar a Dolly, y preguntarle lo que supiera sobre el drubo. Finalmente, oprimí el botón del intercomunicador, y la llamé.
-Dolly se retiró, señor – la voz de Berta, la otra secretaria resonó en el aparato. – Se retiró a su domicilio; dijo que no se sentía bien. Era curioso; Dolly nunca se había retirado antes de hora. Era una persona muy eficiente, responsable hasta la exageración. “Qué le habrá sucedido” pensé. Varios asuntos importantes me tuvieron ocupado durante el día. No obstante, todo el tiempo mi mente estaba volviendo al cajón en cuyo interior se encontraba el drubo. ¿Qué sería?
A eso de las seis tuve un momento disponible, y corrí a la computadora. Busqué en Google. Nada. En Yahoo, tampoco. Recorrí un par de buscadores más, y ¡nada! En ninguna parte figuraba la palabra “drubo” o nada que se le pareciera. Cansado, y con pocas esperanzas de enterarme sobre qué era ese extraño aparatito en forma de lápiz que permanecía en el cajón de mi escritorio, quise darle un último vistazo antes de marcharme a mi domicilio y quedar con la duda todo el fin de semana. Al abrir la gaveta pude ver que el drubo había cambiado de lugar. Inalterado, seguía con su aspecto de lápiz azul. Súbitamente, dos alas delgadas y traslúcidas como las de una libélula brotaron de los costados del “lápiz”, y con un zumbido de moscardón se alzó en el aire y salió volando por la ventana. No repuesto aún de mi sorpresa, ¡vi con horror que el drubo atravesaba sin inconvenientes – y sin romperlo – el vidrio fijo de la ventana! No podía creerlo. ¡Había pasado a través del vidrio!
Me fui a mi casa con una dolorosa sensación en el estómago. ¿Habría visto un fantasma? ¿Qué sería el drubo, un insecto extraterrestre, quizás?
El lunes siguiente, a primera hora, me comunicaron el fallecimiento de Dolly. Había muerto súbitamente, de un infarto en plena juventud.
Cuando Berta me trajo la noticia sentí una gran congoja. Bajé la vista, y casi sin saber lo que hacía, abrí el cajón del mi escritorio. Allí, junto a los lápices, brillaba suave, la luz azul del drubo.
GENERAL PACHECO, 12 de agosto de 2010 – 15.40 hs.
August 23rd, 2010 at 7:08 pm
¿La muerte de Dolly estaría relacionada con el drubo, existe una correlación entre ambos, sería su escencia, su alma o fue pura coincidencia?
August 24th, 2010 at 5:12 pm
Yo a partir de este acontecimiento, siempre tendria el cajon del escritorio con algunas galletitas para que el DRUBO estuviera feliz y no saliera a romper corazones.