T U R I P A C K

                                                                                      

                                                    I

 

Antes lo había visto como un flash en la televisión; ahora lo veía en el diario. No estaba ubicado como un aviso más en la sección “Turismo”. Estaba destacado en una página impar, entre las noticias políticas, ocupando un cuarto de la hoja. Indudablemente debía tratarse de una empresa seria, o que por lo menos dispusiera de capital suficiente como para poner un anuncio publicitario de ese espacio, y en esa ubicación en el periódico. En él se leía:

 

 

 

ADHIERA A “TURISMO SIN TIEMPO”

Con la Tecnología del Futuro

País y Época a Elección

Fecha, Duración y Retorno Asegurados

                       tst2010@mail.com                         

 

 

 

 

Leyó dos veces el aviso como para estar seguro, y se puso a pensar. Estuvo pensando un buen rato, dado la extrañeza del texto. Lo que más le preocupaba era lo de “época” a elección. ¿Sería un experimento seguro? ¿Estaría el Gobierno promocionando un disimulado éxodo masivo de la población? Finalmente, ¿se podría regresar?

 

Con su notebook ingresó en la página que indicaba el anuncio. Aparentemente era una empresa sólida, que daba todos sus datos, antecedentes, experiencia y referencias. Daba también la dirección y los teléfonos de su Casa Central, en una amplia avenida de un barrio elegante, en un moderno edificio de oficinas recientemente construido. Para un hombre como él, sesentón, viudo desde hacía dos años, con sus hijos establecidos profesionalmente, y unos nietos magníficos (al recordarlos se le dibujó una sonrisa), el experimento parecía interesante. Un año entero había trabajado en su último libro, y realmente necesitaba un buen descanso. Un viaje al lugar – y época – a elección proponía unas vacaciones realmente diferentes. ¿De qué se trataría? Su rica imaginación de escritor comenzó a fabular con París, con salidas nocturnas, hermosas chicas; o quizás playas caribeñas, con un sol como una gigante moneda de oro, y una luna, con su equivalente de plata… Desechó la imagen, por cursi. Decidió ir personalmente a averiguar. Después de todo, la dirección quedaba a unas pocas cuadras, y le vendría bien una caminata.

Al edificio lo conocía, por haber pasado varias veces por delante, y por recordar el tiempo de su construcción, que fue relativamente corto, y – sorprendentemente – con pocas molestias para su entorno. Era una mole de acero y cristal, que combinaba de una manera extraña con el entorno parquizado. Pensó en el profesionalismo y buen gusto de algunos arquitectos. “Ojalá fueran todos así”, se sorprendió diciendo en voz alta.

Traspuso la entrada, preguntó cuál era el piso, y le indicaron el primero y el segundo. Tomó un ascensor, y llegó al primero.

Al abrirse la puerta automática, su primera percepción fue la luz; se encontraba en el centro de un salón amplísimo, que se expandía hacia los cuatro costados del edificio, iluminado por la luz del sol de la hermosa mañana de otoño, que penetraba por los amplios ventanales, hábilmente complementada por algunas luces artificiales realmente difíciles de detectar. Realmente, parecía ser todo luz. El piso era de algún material vítreo color cielo, que multiplicaba la luz y las distancias, y a mitad de camino entre el ascensor y el ventanal de ese costado, que daba al frente del edificio, había una pequeña isla de moquette color turquesa, sobre la que campeaba un escritorio de líneas futuristas, y ante el que estaba sentada una rubia despampanante, con todo el aspecto y el atuendo – breve, por cierto – de una modelo. A sus costados, dos pantallas de regulares proporciones armaban  constantemente hologramas sobre lugares y culturas y en la época que fuera de su preferencia, desde la Edad de Piedra, hasta donde pudiera alcanzarse en el futuro; en un plazo razonable, alrededor de un año, los destinos se aumentarían hacia cualquier parte del universo conocido.

 

 

II

 

Sonó el timbre de su departamento. El portero le entregó el paquete, que abrió con emoción contenida. Adentro había un elegante estuche con una inscripción en letras doradas: “TURIPACK”. Al abrirlo, vio que contenía un attaché como los que usan ejecutivos y vendedores pero más pequeño y grueso; estaba forrado de cuero de buena calidad, de un color gris azulado, de aspecto agradable, “Invita a viajar” pensó.

Sacó el maletín de su estuche, y lo puso sobre la mesita alargada del living, enfrentada al cómodo sofá donde tomó asiento, y obedeciendo a un impulso quitó todos los ceniceros y demás adornos que la ocupaban. Solo, sobre la tapa de vidrio, parecía brillar con luz propia. Estiró la mano, apretó el botón del cierre, e inmediatamente la valijita se abrió, mostrando su contenido. Dos compartimientos forrados en un material afelpado; en uno de ellos se alojaba el libro con las instrucciones de uso; en el otro, debidamente plegados y enrollados, los instrumentos y cables que por extraños no dejaban de ser atractivos. Con mano algo trémula tomó el libro. Le llamó la atención su peso, pero al abrirlo comprobó que se trataba de una computadora. Una serie de botones indicaba los pasos a seguir, que se desarrollarían en la pantalla que ocupaba la parte superior del aparato. Conectó los cables y los distintos dispositivos, y apretó “POWER”. Inmediatamente se encendieron diversas luces. Dentro y fuera de la pantalla aparecieron pequeños letreros con las indicaciones: “País, ciudad, sitio exacto (si lo conoce), lugar, fecha y hora de partida, y lugar, fecha y hora de regreso”. Apretó “Regreso”, y leyó: “¡ATENCION! Si Vd. una vez llegado a destino, por alguna razón decide adelantar su regreso, la Empresa NO LE DEVOLVERÁ el dinero correspondiente al tiempo no utilizado, sino que se le acreditará ese lapso. Por ejemplo, si Vd. contrata un mes, y sólo ocupa quince días, se agregarán dos semanas al siguiente tiempo contratado. NOTA: 1) No se podrá utilizar el tiempo acreditado sin contratar un nuevo servicio, como mínimo, de una semana. 2) No se permite en absoluto extender la duración del lapso de vacaciones contratado. Se recuerda Al usuario que no se permite llevar equipaje alguno, salvo lo puesto. Se recomienda llevar en sus bolsillos dinero del país a visitar, así como su documentación personal. Si Vd. elige una época en el pasado, la Empresa le proveerá, mediante el convertidor adjunto, del equivalente del dinero y costo de la vestimenta correspondiente a la época elegida. Toda diferencia en más, a su regreso quedará de propiedad de la Compañía. De llegar Vd. a necesitar, se le hará llegar dinero – puede pedirlo por el transferófono, enviándosele hasta el 50% del depósito que Vd. ha dejado al firmar el contrato. ¡ATENCION! El viaje no comenzará hasta que Vd. registre su impresión dígitopulgar derecha (o izquierda, de faltar ese dedo) y anotar tipo y número de tarjeta de crédito en los espacios correspondientes”.

Terminó de leer las instrucciones y decidió iniciar la experiencia. Se sirvió un whisky. Aplicó la yema de su dedo pulgar en el correspondiente cuadrado de cristal líquido, pulsó los dígitos de su tarjeta. Inmediatamente la máquina, hasta entonces apagada y muda, cobró vida. Los botones y pantallas se iluminaron, y una voz de mujer con acento oriental comenzó a darle indicaciones precisas: “Aplique los electrodos a sus muñecas, colóquese el casco, y seleccione Destino y Época”. Finalmente, “Oprima el botón rojo”.

Fue cumpliendo una a una las instrucciones, y antes de apretar el botón, respiró hondo, y apuró el vaso de whisky.

Una gota resbaló por el vaso, tembló un momento en la base de cristal tallado, y fue a caer justo en la pantalla que mostraba el lugar, la fecha y la hora elegidos. Algo cliqueó en el aparato.

Dejó el vaso sobre la mesita, sintió algo extraño como si súbitamente hubiera perdido peso, como si se elevara, y luego, con un estallido  semejante al descorchado de un vino espumante, y con él, la pequeña valija con el “Turipack” se disolvieron en el aire. El living quedó silencioso en la media luz del atardecer.

 

III

 

Miró a su alrededor. Blancura total. Blanco a la derecha, blanco hacia la izquierda, adelante, atrás… ¿Arriba?, un cielo azul, profundo, majestuoso, casi nocturno, de una belleza increíble. Hacía frío, mucho frío…

Cuando sus ojos se acostumbraron a tanta blancura, pudo ver que todo lo que lo rodeaba era hielo. Hielo.

Sintió que algo cálido y húmedo le tocaba la mejilla. Se dio cuenta de que un perro le estaba lamiendo la cara. A su lado, otros dos perros   aparentemente muertos , los restos de un trineo destrozado, y los pedazos de la valijita del Turipack, totalmente congelados. Pensó: “¿Habrá whisky en el trineo?

 

                              ——————————-

 

General Pacheco, 30 de abril de 2010, 22.30 hs.

 

Tags: ,

This entry was posted on Saturday, May 1st, 2010 at 8:21 am and is filed under Cuento. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

3 Responses to “T U R I P A C K”

  1. Alexa Says:

    Excelente cuento!!!! Gracias por compartirlo tambien conmigo. ;-) Saludos, Dios lo Bendiga y proteja siempre.

  2. Matías Says:

    Jaja…muy bueno. me quedé con ganas de saber más del lugar a donde llegó. Un abrazo

  3. Cecilia de Camaño Says:

    Muy bueno, escrito con mucha imaginación, estas lecturas me permiten un relax durante la jornada de trabajo. Gracias¡¡¡¡¡¡¡¡¡
    Seguramente la gota de wisky que derramó justo en la pantalla sobre el lugar,fecha y hora elegida, cambió el rumbo del viaje y la expereincia será otra, ¿ con regreso? tal vez no porque el TURIPACK ¡está congelado¡

Leave a Reply