S E R A M A N T E (Escrito en 1981)

Ser Amante:

Ser amante no es lo mismo que amar .Ser amante es amar y sufrir el amor.

El amante es el hombre o la mujer que quiere a alguien contra toda adversidad y en toda situación y circunstancia, estando dispuesto a enfrentar y sufrir el desprecio y el dolor, la postergación y el tedio, lo inesperado, la vergüenza ,la contingencia, la mentira y la agresión, tan sólo por defender la causa de su amor.

Un hombre y una mujer son amantes como consecuencia de una situación anormal.

Porque de otro modo no serían amantes. Serían novios, serían esposos, serían pareja.

Cuando un hombre tiene una amante, ¡ojo! Algo pasa .Algo anda mal. Cuando tiene varias ,y a veces alardee de tenerlas, es un anormal, o un desdichado.

Hay hombres que tienen una amante como  un objeto de valor. Algunas veces la tratan como a un objeto sin valor. De una u otra manera no es que hagan de ella el objeto de su amor. Es que hacen de ella y su amor un objeto.

Hay hombres que tienen una amante porque ella les puede dar algo que no les puede dar su esposa, o no les quiere dar su esposa, o que no saben recibir de su esposa.

Hay hombres que tienen amantes jóvenes para sentirse jóvenes ellos mismos, espejados  en la juventud de ellas, sus amantes.

Hay hombres que tienen una amante vieja para que les llene todo el hueco afectivo que les faltó con su mamá.

Una mujer que tiene un amante está viviendo una terrible y maravillosa aventura; está jugando toda su vida a cara o cruz por algo que no encaja en su ajedrez cotidiano.

Una mujer que tiene varios amantes es una mujer frívola y anormal. No ama. Posee.

La mujer que tiene un amante tiene que aguantar – como está dicho – muchas situaciones desagradables; muchas mordidas de labios, contestaciones tragadas, desencuentros, esperas, soledades y humillaciones.

Eso le genera mucho rencor. Es por eso que, cuando está con su amante, por lo general le pide cosas materiales. Y él, abrumado por la culpa,generalmente se las concede.

Amar es entregarse. Entregarse y dar. Dar… sin pensar en recibir.

El oficio de amante es duro, sacrificado, y malsano. Sólo quien ame mucho, o quiera sacar ventaja de esa situación (pagando su alto precio)podría atreverse a ser amante de alguien, o a tener un amante.

Ser amante – atención – no es lo mismo que tener un amante.

Ser la amante de un hombre casado, por ejemplo, supone haberse mirado al espejo mil veces antes de decidirlo.

Supone adaptar rápida y caprichosamente el ritmo de su vida a los “momentos libres” de la de él. Es como vivir una vida que semeja una película emparchada.

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This entry was posted on Thursday, November 12th, 2009 at 2:03 pm and is filed under Ensayo poético. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. Both comments and pings are currently closed.

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