A R C A N O
Apoyé la mano en la antigua cancela.
A mi toque el hierro su edad desnudó
y en su árabe forja, quejido de tiempo
mordió sus bisagras y, queda, se abrió.
Penetré en el patio - piedra gris y rosa -
donde el tiempo puso su pátina arcana
(la fuente callaba un rosario de perlas
quebrando en nenúfares el metal del agua).
Sobre un frío banco de piedra mohosa,
atada al granito por lazos de hiedra,
una antigua espada - herrumbre gloriosa -
mezclaba su rojo en el gris de la piedra.
Con trémula mano la tomé - cogido -
y quise arrancarla a su dosel de moho.
-De pronto en el cielo, horrible estampido
anuncia tormenta con tremendo modo -
Presto y temeroso reitré la mano
del arma yacente, y elevé los ojos;
y ante el espectáculo del cielo fulgente
por la ira divina, me postré de hinojos.
Gral. Pacheco, 1964