PAVANA PARA UNA NIÑA AHOGADA

Yace. Tendida sobre el limo.

 

Sus cabellos, algas verdinegras, se mecen con la inquietud del agua.

 

¿Qué miran sus ojos abiertos y fijos en la semiclaridad amarillenta? Quizás lo saben los pececitos, que vienen en bandadas, como mariposas pesadas, a besar sus labios hinchados y hermosos.

 

Quizás lo saben. Por eso le dicen tantas cosas arremolinándose junto a sus oídos.

 

Su mano derecha, ancla de su cuerpo, se hunde en la arena. La izquierda rodea la blanca columna del cuello.

 

Sus pechos son nido de amor para conchas y estrellas. Su vientre entona una lenta canción de burbujas.

 

Está allí. No tiene prisa. Sobre el limo.

 

Su pierna derecha se mueve acompasadamente, marcando el vals del agua. La izquierda se refugia bajo una piedra grande. Una piedra nueva que llegó allí después.

 

Es muy hermosa.

 

Está muy hermosa con su vestido de estrellas y algas.

 

Longchamps, B.A., 1960

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This entry was posted on Wednesday, March 18th, 2009 at 2:03 pm and is filed under Prosa poética. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

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