III – LA MAQUINA DE LA ESTUPIDEZ

De pronto me dí cuenta de que con los mismos elementos con que pensaba ensamblar la Máquina del Odio podía armar la Máquina de la Estupidez, pero me encontré con un inconveniente: Como soy una persona puntillosa, quise patentarla, y en la oficina correspondiente me dijeron que ya había algo de siete mil millones de patentes parecidas, y que tenía que presentar un formulario especificando qué tipo de estupidez era la que yo quería implementar, y con relación a qué. Que el mencionado formulario debía adquirirse en la Dirección de Rentas más cercana, y para eso debía ir en ayunas a las seis de la mañana, con mis documentos en orden, y un jabón y una toalla. Al preguntar para qué estos últimos, la empleada que me atendió me dijo que ella no lo sabía, porque nun había hecho ese trámite, pero que estimaba que era para ducharse luego de la larga espera en la cola, y que el concurrir en ayunas era a fin de tener la seguridad de que se cfonsumiría café de La Máquina Instalada A Tal Efecto, y que… bueno, todos los trámites – ella creía – debían iniciarse en ayunas. Que tenía que ser ciudadano nativo o naturalizado, y demos trar que no había tenido ningún antecedente policial ni inmigratorio. Debía dar fiel constancia de mi religión, sexo, estado civil y domicilio, siendo conveniente, aunque no imprescindible un certificado de buena conducta. Pregunté sobre la necesidad del certificado de domicilio y de nacionalidad, ya que la estupidez humana no tiene límites ni fronteras, pero se me contestó que Debía Ajustarme A Las Normas. Después de tanto requerimiento, no creo que cometa la estupidez de armar la Mäquina de la Estupidez, ¡pero es que es tan linda, con su pantalla de 26 pulgadas, sus llantas de magnesio, sus Rígidas Pomposidades Conceptuales! En fin, lo voy a pensar, pero no creo que la arme. Además, creo que mi esfuerzo no se notaría. ¡Hay tantas ya…!

NOTA: Después me enteré que lo de ir en ayunas llevando el jabón y la toalla se debe a que a los que solicitan este tipo de patentes es obligatorio efectuarles un electroencéfalograma; en fin…

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This entry was posted on Friday, March 6th, 2009 at 12:53 pm and is filed under Cuento humorístico. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

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