R E L O J E R I A S

El Tiempo es una cosa que da vueltas en el reloj.

 

(Cuando escribí esto, aún no se habían inventado los relojes digitales).

 

Era llano como las nueve y cuarto.

 

Cuando las nueve y cuarto y las tres menos cuarto se van a visitar, siempre se desencuentran.

 

Era obtuso como las once y veinte.

 

Las doce es una hora de ceño fruncido y gesto adusto.

 

No hay nada tan alicaído como las seis y veinticinco.

 

Ni tan pesimista como las seis y media.

 

El reloj brindaba hospitalidad con las diez y diez de sus brazos.

 

Las ocho y veinte son un señor con bigotes.

 

Era astuto y sigiloso como las doce menos cinco.

 

El reloj es una sucesión de infinitos ángulos. Es decir, infinitos no. Hay un señor que dice que son exactamente ciento veintinueve mil seiscientos.

 

Es curioso como los ángulos se parecen a los hombres:

Agudos unos,

obtusos otros,

rectos los menos,

llanos los más.

 

Un ángulo convexo es un ángulo que antes era infiel.

(O es todo lo que hay alrededor de un ángulo cóncavo).

 

No hay nada más femenino que la una.

 

Las ocho parecen un burgués bajito haciendo el saludo fascista.

 

Las siete se mueren de languidez esperando que sean las siete y media, para apoyarse en el minutero.

 

Las siete menos veinte. Una navaja de afeitar a medio abrir.

(¿Se acuerdan de las navajas de afeitar?).

Las tres: A la torta del reloj le falta un pedazo.

 

Había un reloj tan egoísta, que en vez de dar las horas las prestaba.

 

El reloj de sol suspira, porque de noche se convierte en reloj de luna.

 

Aquel reloj de arena tenía un secreto: Una vez lo habían usado pra hervir un huevo.

 

La luna es un reloj sin agujas. Por eso la prefieren los enamorados. Para ellos, el tiempo no existe.

 

El reloj es el corazón de los hombres de negocios. Bueno, tic-tac, hace…

 

Por eso no tienen reloj los poetas.

 

Reloj de sol: Un ángulo consigo mismo.

 

Probado: Cleopatra nuca tuvo una clepsidra digital.

 

Tontería del hombre: Pretender medir el tiempo, como si éste transcurriera.

Los que transcurrimos somos nosotros.

                            (Esto fue escrito en 1958, y publicado en 1998, en “Crónicas de la Paranoia).

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This entry was posted on Thursday, March 5th, 2009 at 3:02 pm and is filed under Ensayo humorístico. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

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