M E T A F O R I S M O S

El repicar de las campanas salpicaba de alegría el rosa del amanecer.

 

Los niños marchaban apurados camino de la escuela, trazando fórmulas matemáticas en el aire, con el movimiento de sus piernas.

 

El viento peinaba los árboles del bosque, quitándoles el sueño de la noche, y el sol les lavaba las sombras, para que empezaran bien el día.

 

Al salir el sol, su luz hacía comprender las cosas, y la realidad asumía su forma definitiva.

 

El sol era un gran desayuno caliente en la mañana helada.

 

Los altos álamos miraban lánguidamente pasar el camino, como solteronas nostálgicas.

 

El tañido de la campana sembraba soledad en la tarde de invierno.

 

Las sombras de la noche hacían relativas la realidd, las medidas y las formas.

 

En la noche helada, las estrellas miraban los actos de los hombres con ojos críticos.

 

Luego de la noche, con el sol, se puede conocer la edad real de las mujeres, la calidad de la ropa, y la veracidad de las palabras.

 

(De “Crónicas de la Paranoia”, Faro Editorial, 1998)

 

 

 

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This entry was posted on Wednesday, March 4th, 2009 at 10:32 am and is filed under Ensayo poético. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

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