Cuento: “HISTORIA DE LI-PO, EL NIÑO QUE QUISO SER ANCIANO”
Escrito en base a un argumento creado por Lucas Lavarello, de 15 años en 1998.
Li-Po vivía en un estado permanente de desolación. El hogar de Li-Po era un lanchón que flotaba amarrado a un tronco, en las amarillas aguas del Huang-Ho. Allí vivía con sus padres y sus siete hermanos. Corría el año de 1921.
Ni siquiera era Li-Po el mayor de los hijos. Sus padres a menudo se olvidaban ded que existía.
Li-Po pasaba una vida de abandono y de tristeza, con la sensación de ser él mismo una onda más en la amarilla corriente de agua, o una ramita de las muchas que flotaban en la sucia superficie.
Pero Li-Po pensaba, y sacaba conclusiones. Llegó a convencerse de que quienes lo pasaban mejor en la vida eran los ancianos, porque eran respetados, obedecidos, y tratados con afecto, aparte de ser alojados y alimentados, sin que tuvieran necesidad de trabajar. Li-Po tenía que limpiar el fondo de la barcaza, permanentemente lleno de basura, en la que abundaban los excrementos del perro, y de sus hermanos pequeños.
Luego de meditarlo bien, Li-Po decidió que debía ser algo maravilloso ser anciano.
Leía ávidamente todo cuanto llegaba a sus manos, que no era mucho por cierto, pero así se enteró de que existía Occidente, un lugar de la tierra donde se vivía con mucho más confort que en su lanchón remendado y maloliente.
Así Li-Po deseó firmemente ser un anciano, y vivir en Occidente. Lo deseó firme e intensamente. Con todas sus fuerzas.
Y a veces, los deseos se tornan realidad. Sobre todo cuando se desea algo con todo el cortazón.
Y así lo deseaba Li-Po.
Una tarde, con los ojos fijos en el río, expresó su deseo junto con un fuerte suspiro: “Quisiera ser anciano, y vivir en Occidente”.
El Espíritu del Río Amarillo, que tal quiere decir Huang-Ho, escuchó su deseo y decidió concedérselo. Así fue que esa noche Li-Po cayó en un profundo sueño que duró setenta y siete años.
Muchas veces, a lo largo del tiempo, el Sol y la Luna iluminaron el lanchón con sus rayos de oro y de plata buscando al niño Li-Po, que había desaparecido. Su familia ni siquiera notó lsu ausencia.
Finalmente, Li-Po despertó una mañana. Cuando sus ojos se acustumbraron a la claridad del día, se miró en un espejo.
Li-Po era un anciano.
Un anciano de ochenta y cinco años, y no estaba en su país. Se encontraba en Occidente, en 1998.
Pero Li-Po se llevó una terrible desilución. En Occidente, en 1998, se despreciaba a los ancianos. Se los consideraba inservibles, se los trataba mal. Muchos pasaban hambre y frío.
Li-Po lloró amargamente; maldijo en voz baja a su ambición, y en voz alta al Espìritu del Río Amarillo.
Pero ya no había nada que hacer
********************** De “Aquelarre” 1998.