Milonga del domingo sin sol (1965)

Son los momentos felices

que encienden el corazón;

me encuentro en esta ocasión

rodeado de mis gurises.

La tierra y el cielo – grises -

porque la lluvia los baña

y el día un poco se empaña

porque es domingo y sin sol;

ronronea suave el farol

y el gato la puerta araña.

Mi patrona se da maña

en golpear en un mortero

y bajo un cajón, un tero

se guarece de la lluvia

(y de mi perra, “La Rubia”

que duerme sobre un apero).

De pronto, canta un jilguero:

El chaparrón ha pasado

y al mundo entero ha lavado

para que lo seque el sol,

que con su estufa de alcohol

le mete miedo al invierno

y da vida al brote tierno,

al verde y al arrebol.

Pero justo en el momento

en que la tierra desierta

se iba avivando, despierta,

y llenándose de vida,

cayó como bestia herida

en medio del corazón

una tremenda explosión

y una luz encandilante:

Un árbol que había adelante

del corral de los caballos

quedó, al alcanzarlo el rayo

como inmensa brasa humeante;

y la perrada, al instante,

ganó en silencio las casas.

Se echaron junto a las brasas

- ya había allí algunas gallinas -

¡Y se hizo en la cocina

un silencio impresionante!

                                                     Gral. Pacheco, 7/3/1965

                                                            *     *     *

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