LA CRUZADA DE LOS NIÑOS (Crucero “General Belgrano”)
Fue a luchar
oyendo desde la partida
las campanadas de la Gloria.
No oía las recomendaciones
ni la voz de los hombres experimentados.
Fue a luchar con la fuerza del viento,
saboreando la Victoria
como un postre anticipado.
……………………………………
Llegaron, tocaron, creían que vencían;
los vientos helados fueron primero
los que mordieron sus carnes
y atravesaron sus pechos.
Los vientos se calentaron con sangre:
la nieve se trocó en metralla;
la alegría fue desconcierto.
La noche envolvió todo,
ocultó las huídas,
sepultó a los muertos.
Primero fueron los Gurkas.
Campeones del Cuerpo-a-cuerpo,
de hundir el cuchillo en las entrañas
y tirar hacia arriba,
abriendo el horroroso surco rojo.
Luego los señoritos
con las pavorosas armas automáticas
que enviaron la muerte electrónica
desde sus miras infrarrojas.
Muerte en la tierra helada,
muerte en el agua helada.
Luego fue el General Belgrano
- enorme catafalco -
Horroroso holocausto a qué deidad ignota
de la Guerra.
No basta tirar flores en el mar.
Tampoco el odio tiene su mensura.
Mi hijo deambulaba – ilusionado -
(ilusión congelada por la muerte)
en esa noche con ruido de motores
y terribles tambores
que el Exocet golpeaba en exterminio.
No supo él encontrar la senda del regreso.
(Sólo me han entregado su uniforme;
tiene huellas de sangre y de metralla).
Sólo tengo en mis brazos impotentes
pero llenos de amor, un uniforme,
y no se si es el suyo.
De quien haya sido, tiene la misma historia.
¡Pobre generación de jóvenes inválidos!
No sólo son los brazos y las piernas
sino los corazones
a los que se les ha ido la esperanza.
Generación de inválidos del alma
que son como un grito viviente y desgarrado
a nuestra responsabilidad adormecida.
¡Nunca más otra “Cruzada de los Niños”!
¡Nunca más, nunca más! ¡Viva la Patria!
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San Isidro, 5 de noviembre, de 1987 (de “Cronostalgia”)