PAPITO
Todo esto que te voy a contar ocurrió antes de cumplir yo cuatro años. Vivíamos con Mamita en un departamento chiquito, y yo le preguntaba por Papito, y ella me me decía que vendría un día de estos. Una noche que Mamita no me había dado la pastillita, me pareció entre sueños oir una voz de hombre; al día siguiente le pregunté a Mamita, y me dijo que el que había estado era Papito.
“¿Y por qué no le dijiste que me viniera a saludar?”, le pregunté.
“Porque estabas dormidito, y no quisimos despertarte”.
“¿Y cuándo va a volver a visitarnos?, insistí.
“Cualquier día de estos.”
Algunas noches, aún habiendo tomado la pastillita, yo oía que alguien venía, oía pasos, oía voz de hombre, y hasta oía la voz de Mamita, riéndose contenta. Pero siempre me quedaba dormido, y soñaba con caballos, con grandes cabalgatas, que Mamita y Papito galopaban y galopaban, y me llevaban – a veces – en la montura.
Otras veces, las menos, Mamita me proponía “una aventura” que consistía en acompañar a Mamita y a Papito a un hotel, y portarme lo mejor y más obediente posible. Cuanto más obedeciera, y mejor me portara, era más grande el premio, que consistía en un montón de caramelos, y yo colaboraba absolutamente, no mirándolo a Papito, y quedándome en un rincón, de cara a la pared, hasta que Mamita me avisara. Me gustaba mucho la aventura, pero a veces me cansaba de estar tanto tiempo parado. Como la mayoría de las veces apagaban la luz, confieso que me daba un poco de miedo. Pero en general me porté como un nene valiente, y nunca, nunca lloré.
A mí me gustaba jugar a esa “aventura”, porque el premio siempre era grande. Y lo que más me gustaba era que tenía que entrar y salir escondido en el piso del auto, porque era parte del juego. Lo que me llamaba un poco la atención era que a veces Papito parecía más alto, o más quemado, y en una ocasión creí ver que tenía bigote, algo que yo no recordaba haberle visto nunca. Pero no hacía preguntas, porque si nó no había caramelos, y estaba orgulloso de ser un nene obediente. Yo quería mucho a mis papitos.
Lo que no me explico es por qué Mamita, cuando llegábamos a casa, me retaba, y muchas veces me quitaba la bolsa de caramelos, diciéndome que me hacían mal.
Otra vez ví que lloraba, y le pregunté qué le pasaba. Me dijo que se había atorado con un caramelo, y casi se ahoga.
Un día Mamita consiguió un trabajo que le ocupaba todo el día. Me puso en una guardería, y me iba a buscar a las tardes.
Desde entonces nunca más ví a Papito. ¿Dónde estará?
……………………………. G.Pacheco, 8-12-06