PERSONAJES QUE NUNCA EXISTIERON
GRAZIANO LAVARELLO - Primera Biografía Apócrifa.
GRAZIANO LAVARELLO (1783-1849 Militar argentino, nacido en Federal, provincia de Entre Ríos, de padres genoveses. Educado en España, recibe a temprana edad su bautismo de fuego combatiendo contra las fuerzas napoleónicas, a las órdenes del Capitán General don Francisco Javier Castaños. Por su valentía y denuedo en los combates de Las Llanderas, y Llerena, es condecorado años más tarde por el Rey don Fernando VII, y ascendido a capitán de coraceros. Destinado al Virreynato del Río de la Plata, es designado segundo comandante del Regimiento Fixo de Línea, donde registra brillante actuación. Producido en Buenos Aires el levantamiento de mayo de 1810, parte con un piquete de soldados rebeldes desde la iglesia Catedral y toma rápidamente el Cabildo. Sus fuerzas son las que, rurante toda la duración de la Gesta de Mayo, custodian valerosamente el Cabildo Metropolitano de Buenos Aires.
Reconocido patriota, participa activamente en la evolución política del estado naciente, fundando junto con otros patriotas el “Globo Mercantilsocioeconómicopelémicofilosóficopolítico”, vulgarmente llamado “El Paquín”, que alcanza un tiraje de cuarenta números en dos ediciones. Participa activamente durante las invasiones inglesas con un piquete de soldados que avanza por la hoy calle Defensa hacia el norte, doblando por lo que hoy es denominado Hipólito Yrigoyen. Gran ausente en Tucumán en 1816, estuvo sin embargo junto a San Martín en Plumerillo, preparando el Gran Ejército que cruzaría el Ande; Lavarello en carácter de estratega.
Se retira en 1842 de la vida política y militar, estableciéndose en Toay, La Pampa, con una quinta de frutales y hortalizas; no obstante continúa escribiendo, enviando gran cantidad de material ideario y anecdotario al periodista oficialista Rivera Indarte. Acusado injustamente de unitario, permanece dos años en prisión en el Cabildo de Luján, hasta que es reconocido inocente y liberado de culpa y cargo, no viéndose afectado su buen nomb re y honor. Casado con Tiburcia Gonzáles, es padre de dieciséis hijos, Graziano (jr.), Ernesto, Raúl, Hísparo, Nabucodonosor, Cornelio (de triste fin), Ana, José, Héctor, Virginia, Sancha, Juan Manuel, Juan Galo, Manuelita, Mercedes y Valentín. Graziano Lavarello fallece en Justo Daract, accidentalmente cuando transportaba una partida de explosiv os para trabajos de minería de la compañía The River Plate Mining Co.
INVESTIGACIÓN POSTERIOR Y MÁS PROFUNDA (TAMBIÉN APÓCRIFA) SOBRE LA VIDA DE GRAZIANO LAVARELLO:
Graziano Anselmo Lavarello nació en el pueblo que actualmente se denomina Federal, en la provincia de Entre Ríos, el 29 de febrero de 1783. Su padre, Spiridione Lavarello, y su madre, Eleonora Baldomirri, vinieron de Génova, Italia. El, como integrante de la tripulación del paquebote “Virrey Cevalolos”, como médico ayudante del doctor Miguel O’Gorman, del que se separó para establecerse por su cuenta, primeramente en el actual barrio de San Pe4dro Telmo, en Buenos Ayres, época en la que contrajo matrimonio por poder e hizo venir de Europa a la que fue luego su mujer, Eleonora0 Baldomirri, de familia vascoitaliana. De esta época se tienen pocas noticias. Se sabe que fue médico en el Hospital de Mujeres y la Casa de Huérfanos, ambos dependientes de la Hermandad de la Caridad, constituida por Real Cédula del 16 de octubre de 1754, durante el gobierno de Vértiz. También actuó junto con el capitán de milicias Saturnino Alvarez, Recolector de los Pobres Mendigos. Luego - no hay fecha precisa - viajó con su mujer para establecerse en la provincia de Entre Ríos, y ejerciendo su profesión en el pueblo hoy llamado Federal, su mujer dio a luz sus dos hijos, que fueron bautizados Graziano Anselmo y Fiorella Adelfa. Al nacimiento de la segunda, muere Eleonora Baldomirri, víctima de eclampsia, y Spiridione permanece algo menos de dos años en Federal, hasta que le llega una citación del virrey para ejercer como médico y químico en un saladero, donde permanece poco tiempo, pues se le presenta la oportunidad de viajar con sus hijos a España, como representante de un a empresa exportadora de productos derivados del añil, con aplicación directa a la entonces “codiciada e incipiente industria del Teñido”, al decir del historiador Jorge Caldas Villar. (Nueva Historia Argentina, T.2,pág,398 Edit.C.Granda, BsAs.1968). En la metrópoli realiza exitosos negocios, hasta que se establece definitivamente, ejerciendo su profesión. De Spiridione se tienen a partir de entonces sólo algunas referencias, sabiéndose que muere octogenario. (Se dice que aquejado del “mal de Nápoles”) en Italia, en Portofino, cerca de la tierra que lo vio nacer.
Su hijo Graziano inicia su educación en el convento de las Carmelitas Flageladas de la Cruz, en las afueras de Madrfid, recibiendo luego instrucción militar al ingresar al regimiento de Murcia. En la batalla naval de Cabo San Vicente, contra los británicos, es apresado y encadenado a bordo de la Dorotea, junto con el entonces subalférez José de San Martín, sudamericano como él, y al servicio de España. Hay un período del que no se tienen mayores noticias, y nuevamente lo encontramos en 1808 combatiendo contra los ejércitos napoleónicos en Arjonilla, donde se encuentra nuevamente con San Martín, salvándole a éste milagrosamente la vida en ocasión de caerle encima al entonces Capitán, el cadáver de un sargento excesivamente corpulento. Lavarello hizo a un lado el pesado cuerpo, liberando al joven oficial, quien a su vez pudo matar al que le tirara un lanzazo a Lavarello, pero no evitar que le hiriera; aunque leve, esta herida le impidió participar en la Batalla de Bailén. Repuesto de su herida, y luego de una corta estancia en Algeciras, toma nuevamente las armas bajo el liderazgo del capitán general don Francisco Javier Castaños, héroe de Bailén, y combate con tal denuedo en dos batallas, (que se estima que son las de Xanderas y Llerena, según el jóven historiador Jacobo Radowicki, “Hist. de la Inmigr. Judía en Hispanoamérica, t.3,pág.443, Edit. Raskolnikoff,BsAs.1970) que en recompensa a su valor y denuedo el Rey Fernando VII le concede en 1809,(el 24 de febrero, día del mecánico automotor), la Medalla al Valor Militar, y cincuenta maravedíes, o su equivalente en tierras en una coloniaamericana. Asimismo lo asciende a Capitán de Coraceros, destinándolo al regimiento Fixo de Línea, con sede en Buenos Aires, con el grado de Segundo Comandante. Llega a la tierra que lo vio nacer, el 11 de enero de 1810, en el bergantín inglés Charles Baldwin.
Cuatro meses después de su incorporación al Fixo, se produce en Buenos Aires una revolución independencista el 25 de mayo de 1810. Lavarello, en un principio a las órdenes de la Corona, actualmente sin representación, ya que España se encuentra bajo la hegemonía de los Bonaparte, y su rey cautivo, reflexiona y hace suya la causa de la independencia de las colonias. De acuerdo con los medios conque cuenta en ese momento, selecciona un grupo de los más valientes y leales soldados a su mando, y partiendo de donde se encuentra actualmente emplazada la Catedral Metropolitana de Buenos Aires, toma en un rápido y hábil golpe táctico el edificio del Cabildo, al que custodian y defienden valerosamente durante toda la Memorable Gesta de Mayo. ¡Ah, los historiadores! Recuerdan únicamente a French y a Berutti, pero de Lavarello, al menos con relación a ese momento histórico, ¡poco o nada dicen! Sólo es mencionado al pasar por Eusebio Schiafatutti, en “Reports for a Freedom” T.1,pág.203, Edit. Dagmar Peerlsson, Stockholm, 1899.
Es por lo tanto errónea la versión que hace aparecer a Lavarello como héroe en las invasiones inglesas de 1806, avanzando por la actual calle Defensa hacia el norte, doblando luego por lo que es ahora Hipólito Yrigoyen. En realidad, es de deducir que en ese momento Lavarello se encontrba en España; por otra parte, la verción carece de fuerza al no indicar con precisión si dobló por Yrigoyen hacia el bajo, o a contramano.
El 30 de mayo de 1810 Lavarello, junto con De Las Casas y Rodríguez (José) fundan el periódico “Globo Mercantil Socioeconómicopolémicofilosóficopolítico”, el que alcanza a dos ediciones, con un tiraje de cuarenta números. Se asegura que uno de esos números estuvo en manos del mismo Cornelio Saavedra.
Se desconocen las razones por las cuales Lavarello no asistió al Congreso de Tucumán. Se han barajado y se barajan aún varias versiones, pero la más digna de crédito es que no fuera invitado. Su actuación en 1816 se reduce a acompañar a San Martín, su gran compinche y camarada de armas, a organizar el famoso Ejército de los Andes. Se dice que fue en calidad de estratega, porque discutió sobre este tema con el Gran Capitán, especialmente sobre la organización táctica del ejército, resultando de tal discusión el hecho de que Lavarello pasara a revistar (se dice) en un regimiento muy al norte, a las órdenes de Simón Bolívar; pero hay otra versión, a la que se cree más fidedigna, que dice que en realidad Graziano Lavarello se incorporó a las partidas que custodiaban valientemente la Frontera.
Largos años pasó Lavarello luchando contra el infiel, prácticamente, abriendo la senda que, años después, transitara Roca. Se comenta que en una encerrona, una noche en que luego de abundantes libaciones toda la tropa menos Lavarello dormía pesadamente bajo los efectos del alcohol, los pampas incendiaron el fortín, matando a los soldados a medida que salían desesperados y desorientados; Lavarello, rápido coo el rayo, se hizo dueño de la situación y luchó denodadamente contra los salvajes, consiguiendo victimar a diecisiete, pero ante la inferioridad numérica, no pudo evitar ser apresado y escalpado, por eso desde entonces los Lavarello carecen de abundante melena. Es una noble cicatriz de guerra.
Lavarello se retira con honores de la vida pública, política y militar el 25 de abril de 1842, en un “sencillo pero no por eso menos emotivo acto”, al decir de su colega José Rivera Indarte (Recordar que Lavarello también había sido periodista). Se dice que Graziano Lavarello inspiró a Rivera Indarte las frases de que os unitarios eran una “horda de infames” y que “El Gran Rosas Preside a su Pueblo, y el Destino Obedece a su Voz”
Lavarello se establece en Toay, actualmente provincia de La Pampa, con una quinta de frutales y hortalizas, pero por las inclemencias climáticas sólo consigue salir a flote empleándose en un molino harinero. En sus ratos libres continúa escribiendo, y enviando gran cantidad de material periodístico, ideológico y anecdótico, a su gran amigo Rivera Indarte. El 4 de octubre de 1849 es acusado injustamente de unitario por uno de sus compañeros de trabajo, y es detenido y remitido a prisión al Cabildo de Luján, donde permanece preso hasta 1851, año en que es liberado gracias a los buenos oficias de su abogado particular, doctor José Pérez, de quien es famosa la arenga al efecto: “Christianos viejos y de buenas costumbres”. Es puesto en libertad, sobreseyéndosele de culpa y cargo, no siendole afectado su buen nombre y honor.
Hay un hecho que ha pasado por alto a varios historiadores, y que por privado no deja de ser fundamental en esta biografía. El 9 de noviembre de 1848, por Cédula del Cabildo Soberano, es liberado provisoriamente bajo una fianza de veintisiete mil pesos fuertes, al sólo efecto de contraer matrimonio con Tiburcia Rosa González, argentina, mayor de edad (hija del Sr. José González y Doña Encarnación Ramírez), según consta en los registros de la Parroquia del Santísimo Sufrimiento de Santa Edurtrudis, Santa Rosa, La Pampa, donde la ceremonia tiene lugar. De esta santa alianza surgen como legítimos frutos dieciséis bellos niños llamados Graziano (o Graciano), Ernesto, Raúl, Hísparo, Nabucodonosor, Cornelio (quien tuviera un triste fin, precisamente por su predestinación), Ana, José, Héctor, Virginia, Sancha, Juan Manuel, Juan Galo, (estos dos últimos sin implicancias políticas), Manuelita, Mercedes y Valentín.
El capitán Graziano Lavarello falleció en una explosión, mientras transportaba dinamita pra la “The River Plate Mining Co.” (17 de octubre de 1853, y no 1849, como se dijo equivocadamente por mucho tiempo) con setenta años cumplidos, y mucho aún por concretar, pero ¡qué se le va a hacer!. Así es la vida.
FIN DE LA BIOGRAFIA APOCRIFA DE DON GRAZIANO LAVARELLO (1783-1853)