EL HIJO DE PUTA

En la profusa temática de la fenomenología social argentina, ocupa un lugar descollante el Hijo de Puta. Dicho ente social constituye en sí mismo una satisfacción a las imperfecciones del alma proyectada del hijo de esta tierra, esto es, una proyeccion de sus frustraciones, y de sus anhelos.

Como no es nuestro propósito el hacer un análisis de las causas últimas que determinan los distintos aspectos del fenómeno que nos ocupa, nos remitiremos a enumerar sus efectos, tal como se presentan, al solo fin honesto de apreciar cuánto tienen de cómico y humano.

El Honorable Hijo de Puta es – indudablemente – un ser superior. Es quien reúne en un solo haz todas las virtudes que la mente humana pueda concebir, y todos los defectos que la cloaca ciudadana pueda rezumar.

De este modo, posee un gran estómago: “Come como un hijo de puta”, tiene una agilidad extraordinaria (corre como un hijo de puta). Habla como el mejor orador: “La parla como un hijo de puta”, etc.

¿Quién de nosotros, al ver un equilibrista, o un acróbata en na prujeba arriesgada, no dice, aprentando los dientes, “qué hijo de puta”? Existe una variante: Se acostumbra decir, según el grado de emoción que se experimente: “¡Qqqué hijjjo de puttta!”, o si se trata – por ejemplo – de un automovilista que pasa rozándonos con veleidades de corredor, simplemente “¡Híjjjjo de puta!”

Hijo de puta es el jefe, que lo nombró a Agudíez en vez de a nosotros para ese cargo donde se requiere un hombre inteligente (ni por asomo se nos ocurre pensar que lo hizo porque Agudíez demostró ser más inteligente que nosotros).

Hijo de puta es el amigo que se pudo levantar a la morocha de la vuelta, sin detenernos a imaginar siquiera que se la levantó porque fue más decidido que nosotros, o porque, simplemente, a la morocha “le gustó la pierna”…

Hijo de puta es Fulano de Tal, que tiene guita del año que le pidan, no interesa que la haya hacho trabajando honradamente. Hijo de puta es el que sabe mucho, en contraposición con nosotros, que no sabemos ni medio, y que no nos vamos a poner a estudiar como hijos de puta para ponernos a la altura del hijo de puta ése, y juzgarlo…

El Hijo de Puta se diferencia particularmente del Garca (elemento social digno de mención) por conllevar siempre el primero la posibilidad del elogio, mientras que el segundo siempre es despectivo. El Hijo de Puta puede ser siempre reflejo de nosotgros mismos; pero nadie se ve reflejado en un garca. El aumentativo de hijo de puta (de mil, etc.) puede no llegar a ser ofiensivo, mientras que ¡Garccca!, o Garrrca! son siempre terribles insultos.

El decir “me hizo una hijaeputada” tiene su toque, su pizca de ingenio, de ironía, de noblesse; mientras que “me hizo una garcada” es hablar con el pincel de bleque en la mano.

El Hijo de Puta es elegante. Es poseedor de un savoir-faire que no tiene el garca común. El Hijo de Puta es siempre un señor. (Un señor hijo de puta). Figura en nuestra ontología. Saludémoslo.

Buenos Aires, 1967

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This entry was posted on Friday, July 18th, 2008 at 7:03 am and is filed under Ensayo humorístico. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

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