EL ARBOL Y EL PEREGRINO
Al borde del camino
un árbol llora su fatal destino.
Alto y frondoso
piensa en lo inútil de su tronco hermoso.
“¡Si mi madera
pudiera aprovecharse como fuera!
¿Muebles hermosos
o instrumentos de sones melodiosos!”
“En cambio un día
moriré seco en solitaria vía
sin que mi yerto
ramaje abone apenas el desierto.”
Por el camino
avanza a paso lento un peregrino
y al ver la sombre
que nuestro árbol proyhecta sobre el suelo,
cae de rodillas
y frases fervorosas y sencillas
dice con celo
agradeciendo su descanso al Cielo.
“He comprendido”
-piensa el árbol respecto del sentido
de la vida – “A mi juicio
la razón de vivir es el servicio”.
**************** Gral. Pacheco, 22-1-03