EL ESCRITOR, ESPECIE EN EXTINCION

EL ESCRITOR, ESPECIE EN EXTINCION
En un principio era el bardo. El hombre diferente de los demás, el que cantaba, el que hacía música, que estaba conectado con las entidades del “más allá”. También era el cronista. El que recordaba las batallas, las conquistas y los fracasos. El hombre comienza a escribir. La escritura, palpabilización del pensamiento y del sentimiento, es comunicación pero tambièn es registro. Los hechos se conservan en la memoria de papel. También es registro de las propiedades y de las transacciones. Lo que no está escrito – y firmado – no vale. (Estas mismas líneas lo demuestran), luego aparecen otros tipos de comunicación. Grabaciones del sonido, y de la imágen, teléfono, telégrafo, cine, etc., pero lo que no està firmado y sellado no tiene valor, aunque sirva como documento. Ha surgido entonces otro personaje, el Escribano. El escribano puede dar validez y credibilidad a los conceptos expresados por el Escritor.
Al hombre no le gusta hacer esfuerzos. Y leer supone un esfuerzo. Al hombre no le gusta leer, si puede satisfacer su curiosidad por otros medios, como por ejemplo, la televisión. El hombre recibe y asimila – sin procesar – lo que ve por televisión. Recibe una cantidad increíble de información que no analiza, sino que incorpora pasivamente. Luego, en vez de leer, ve televisión, pero en ese caso no selecciona lo que ve, o lo hace mucho menos que con la lectura. El hombre puede cerrar el libro y pensar sobre lo que ha leído, y decidir si va a continuar leyendo o no, pero con la televisión, que emite y emite información, ya sea sobre realidad o ficción, no tiene tiempo de reflexionar sobre lo que está viendo; es como si le estuvieran haciendo tragar una medicina sin preguntarle si realmente la necesita.
Los valores que se manejan en las propuestas de la televisión son factores económicos que favorecen a quienes pagan la producción de los respectivos programas, cuyo fin último es atrapar compradores para sus productos, ya sean éstos bienes muebles, inmuebles, o teorías filosóficas. El espectador televisivo es una especie de esponja involuntaria, ya que no tiene tiempo de aceptar/rechazar, y que absorbe todo lo que se le pone por delante.
Y peor aún, algo más peligroso que la televisión es la internet. El consumidor de internet cree que es dueño de sus actos. Pero en realidad, insensiblemente, está entrando en un mundo sin moral, sin reglas, en el que el desborde es lo más normal, en cuyo contexto hay una estimulación subliminal a la molicie, de sexo sin límites biológicos ni éticos, y la avidez por la obtención de dinero fácilmente, sin ningún esfuerzo, sin ninguna restricción.
A la humanidad actual se le presena la disyuntiva de qué camino seguir, si el de los goces materiales, sexo, dinero, confort, poder, sin ninguna contraprestación (a tal grado llega el engaño), o si el de la espiritualidad, camino en el que no se le ofrece una meta, una recompensa, ya que la voz de las corrientes religiosas posee cada vez menos volumen, y debe competir contra la teoría “realista” que dice: “Sí, pero si no hago esto, que no es muy ético, no como…”, o “Es claro que está mal… pero todo el mundo lo hace…” Y al hombre habituado a no analizar, a aceptar todo confeccionado, listo para usar, la realidad se le va disociando de la ética, hasta pensar en el fondo de su corazón, las pocas veces que piensa, que “las normas morales eran para la gente de antes…” y que “en la actualidad, como están las cosas, (que es una frasesita que se las trae) no hay tiempo ni posibilidad de hacerle caso a las normas esas que nos trataron de inculcar nuestros abuelos”.
Y el hombre tiene que comer. Entonces el Escritor, que no es otra cosa que un hombre, se divide en dos bandos. Uno, el que conserva sus principios de siempre, para siempre. Generalmente se muere de hambre. Y el otro, es el de los escritores que venden sus servicios al mejor postor, aunque ese postor le haga escribir barbaridades que no son otra cosa que formas de dañar a la especie humana.
Este segundo “bando” es el que deja de ser Escritor para ser Asalariado. Termina muriéndose de hambre también. Puede durar algo más. Pero termina , o muerto, o aplastado por el desprecio de los demás. De sus colegas, y de los que no son escritores.
Consecuencia: El escritor es una especie en extinción. ¡Cuidémoslo!
Sí, en realidad tendríamos que cuidarlo…
Pero no tenemos tiempo…
**************************G.Pacheco, 19-1-06
JUAN CARLOS LAVARELLO

 

Tags: , ,

This entry was posted on Thursday, July 10th, 2008 at 5:46 pm and is filed under Ensayo. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

Leave a Reply