D O S P A L O M A S

Dos palomas salieron de la pequeña celda, y volaron hasta el cielo gris. Entonces pensé: “Vida y Paz”. Dos palomas volaron hacia lo alto, como tu alma, y ahora tus despojos hechos humo. Tu cuerpo, convertido por la magia del fuego en negra columna ascendente, se elevó perforando las nubes agobiantes y embistiendo la lluvia lamentosa. Buscaba a tu espíritu, tenía sed de altura. Abajo quedaba un pequeño montoncito de cenizas, calientes aún por el ardor del sacrificio. Yo hubiera querido desparramarla con los vientos, mezclarla con el agua de los mares, arrojarla al polvo de los caminos. Pero hubo quien se opuso. Otras voces, llenas también de amor, dijeron de guardarlas en una urna para venerarte aquí en la tierra. Esas voces primaron, y lo que queda de tu cuerpo se encerró en una pequeña caja y se colocó enlomás alto de una pared absurda, edificada con los ladrillos de la muerte. Dos palomas salieron volando al colocar la caja en su nido. Dos palomas que simbolizaban, sobre todo, los dos amores que tenemos los humanos a causa de nuestras dos naturalezas. El amor por lo trascendente, lo eterno, lo divino, y el mezquino amor por las personas y las cosas materiales. Tu espíritu voló hace dieciocho años. Tu cuerpo, hace un día. Y tus cenizas han quedado para confortar a aquellos que necesitan algo más que una abstracción para hacerlo objeto de su amor. (Cremación del cuerpo de mi padre, Juan Bautista Lavarello, en el cementerio de la Chacarita, a dieciocho años de su muerte). Bello Horizonte, 7/11/95

 

 

 

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