P R I M A V E R A (Para la revista “Delta”)

Septiembre, y todo renace. Septiembre, y el aire más claro, fresco en las mañanas y tibio y luminoso en las tardes, nos devuelve las ganas y el placer de vivir.

Flores en los jardines, trinos de pájaros, y ya nos parece que tenemos nuevas fuerzas para efrentar la vida, esperanzas de concretar planes que tuvimos guardados largo tiempo en nuestra mente. Es la época de abrir las ventanas, de pintar la casa, de renovarse por dentro y por fuera. De comenzar a creer nuevamente en nosotros mismos, en lo que somos capaces de hacer, y en lo que somos capaces de crear y generar. El momento en que nos encontramos es el más adecuado. Es el momento justo. Si tenemos problemas grandes, es el momento exacto para enfrentrlos con el coraje y la alegría de vivir que nos da la fe - que no debe faltarnos - en nosotros mismos. Y si tenemos problema pequeños… bueno, es hora de hacerlos a un lado.

En primavera, dijimos, todo renace. Renace la vida, renace la flor. Dejemos que salga todo lo bueno que tenemos adentro. Abramos nuestro corazón a la amistad, al contacto con los demás, a la acción comunitaria. Dejemos que el sol, que ahora sale con más calor y entusiasmo, nos caliente el alma y nos llene de fervor el corazón. En primavera todo renace. Está en nosotros, en nuestras ganas de vivir, hacer que todo los septiembres vuelva a llamar a nuestras ventanas y a nuestros corazones toda esta alegría hecha canción y hecha torrente, hecha fuerza y hecha luz, que es la estación del año a la que llamamos primavera.

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This entry was posted on Friday, July 4th, 2008 at 7:26 am and is filed under Artículos. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

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