M I T O S Y R I T O S

De los mitos dice mi vapuleado Ferrater Mora que son el relato de un hecho fabuloso que se supone acontecido en un pasado remoto y casi siempre impreciso. Mediante el mito queda fijada la esencia de una estructura o de una situación cósmica. Pienso que los mitos han sido necesarios para que el hombre tenga ejemplos para determinar conductas. De cualquier manera el mito ha calado muy hondo en el hombre, y se ha constituído en la base de una esctructura cultural y religiosa. El espíritu de los pueblos se fundamenta en diferentes mitos. Es curioso comprobar que uno de los mitos que más fácilmente prende en el especimen humano es el de la aristocracia. Cuenta Julio Caro Baroja, sobrino del gran Pío, que una tia abuela suya creía que su familia descendía de un caballero navarro al que se le apareció el Arcángel San Miguel. Bien conocida es la tendencia de hacer descender a los reyes de la divinidad; así tenemos que no sólo los chinos y japoneses han creído siempre que sus emperadores descendían de los dioses, sino que los propios reyes del Oeste Bárbaro, base de nuestra cultura occidental, creían reinar por derecho concedido por Dios. Es también sabido que los emperadores de los países conque se encontraron los españoles al colonizar América creían descender de los dioses, incluso de dioses rubios de largas barbas ensortijadas.

Yo diría que el mito es una justificación o una representación física de una teoría religiosa o filosófica. Es necesario inventar un hecho, para que el escucha pueda formar una imagen mental. El mito reemplaza a la escultura del dios romano, el ídolo de Oceanía o la estatuita de la virgen de Luján. Además, el mito es el argumento en el que juega su rol el personaje de leyenda. Y cuando no tiene un ídolo a mano, el hombre lo fabrica, convirtiendo en mito la vida de personajes populares o históricos, especialmente si esta vida transcurrió en un pasado más o menos lejano. Tenemos como ejemplos más a mano a Gardel y Perón.

Es que el hombre necesita que le expliquen cómo son las cosas, y ante determinadas situaciones le indiquen qué tiene que hacer. Por eso surgen los líderes. El mito es la explicación sobre lo que sucede, y quién se lo dice. Y lo que tiene que hacer está perfectamente establecido en los rituales. El hombre sabe que el ritual no falla. Que el acto razonado, aparte de exigirle el trabajo del razonamiento, le sugiere la posibilidad de equivocación, de duda, de poca seguridad. El ritual es macizo. Debes hacerlo porque debes hacerlo, y haciéndolo así, no falla. Aunque no se vea eol resultado debe creerse en él con fe.

Las brujas siempre han creído que volaban. Los campesinos del sud de Francia colgaban de los árboles botellitas con agua para que lloviera, creyendo firmemente que así invitaban al agua a posarse en los árboles y en la tierra. Los sacerdotes vodú creen sinceramente estar poseídos por los dioses cuando entran en trance.

O sea que el mito fundamenta y alimenta la fe. Y el rito la mantiene. Es curioso que la mayoría de las catedrales góticas de Europa, por ejemplo, la de Chartres, están construídas sobre los lugares donde los druídas habían establedido sus oratgorios. Hay una teoría que dice que se buscaba aprovechar la energía que emanaban esos puntos, que incluso pueden unirse por coordenadas geográficas que pasan por todos ellos, a las que se denomina Wuivres, o líneas de energía, pero tambièn es posible que – en el caso de la Iglesia – haya querido aprovechar los lugares míticos y los mitos preexistentes, a fin de capitalizarlos en su favor. También los rituales, porque el hombre está tan acostumbrado a los ritos y a los ritmos, que va, por ejemplo, todos los días a su trabajo por las mismas calles, y rara vez cambia de recorrido; así, si un día demolieran la iglesia a que está acostumbrado a asistir los domingos y la reemplazaran por una venta de hamburguesas habvría muchísimos clientes en este negocio que asistirían por la costumbre de ir todos los domingos a ese lugar, y probablemente cambiaran el rito religioso por el alimentario. Muchos se convertirían en obesos librepensadores.

Porque el mito, al crear el armazón sólido de la creencia por medio de la imagen, evita que el hombre se cuestione cosas, y favorece el ritual. El hombre que cree firmemente en sus mitos y realiza concienzudamente sus rituales carece de angustia. La angustia surge del cuestionamiento, del poner en duda desde las raíces asta las más pequeñas ramitas de una estructura de cualquier índole. Desmitifiquemos el mito, y nos faltará la tierra bajo los pies.

Bello Horizonte, lunes 29 de julio de 1996

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