LA MUSICA

La música es el medio más espontáneo y eficaz de que dispone el ser humano para expresar sus emociones y sentimientos, y comunicarse con los demás. Desde los primeros intentos del primitivo ancestro que golpeaba dos rocas, un rudimentario tambor de tierra o un tronco ahuecado, tratando de imitar el rugido del trueno o el galope de un animal, hasta los maravillosos preciosismos de Bach o Vivaldi, o las sofisticadas dodecafonías de Stravinsky, la música ha sido el idioma en el que el hombre ha expresado su alegría, su tristeza, su indignación, su temor o su aombro. Es un código universal que ha tenido desde siempre la humanidad para comunicarse por encima de las diferencias culturales, sociales o religiosas. Pueden dos personas no entenderse por hablar idiomas diferentes; pueden disentir totalmente en materia política; hasta pueden estar enfrentados por diferencias religiosas, y sin embargo sentirse totalmente identificados ante una sinfonía de Haydn, o vibrar de emoción con un tango de Pugliese.

 

Todas las culturas se han expresado por medio de la música. Las tribus africanas, los indios americanos y los primitivos pobladores europeos siempre han tenido sus rituales sagrados en los que figuraba fundamentalmente la música, y su hija la danza, como primera expresión corporal con un determinado sentido, luego de la lucha. Ha habido desde siempre danzas y canciones para invocar a los dioses, a la fecundidad, para celebrar los nacimientos y los triunfos en la guerra, o para llorar las muertes y las derrotas. Danzas y canciones para ahuyentar a los malos espíritus, para curar enfermedades, para bendecir casamientos.

Entre los antiguos chinos, cada vez que cambiaba una dinastía, el emperador de turno se creía en la obligación de cambiar la “altura” del sonido, mandando reafinar todos los instrumentos en base a parámetros diferentes de los utilizados por la dinastía anterior. Quinientos cincuenta años antes de Cristo, el filósofo Pitágoras exponía toda una teoría matemática de la música. En la Indonesia actual, el ofertorio de la misa católica, se canta ¡y se baila!

Es que la música nos arrastra, despierta en nosotros emociones y sensaciones dormidas desde el comienzo de los siglos. Resuena del mismo modo en el hombre que se extasía con los vibrantes aleluyas del Mesías de Haendel, que en el que siente que todos los poros de su piel se hacen sapukay cuando escucha un chamamé bien correntino, bien caté.

Lector: Dé gracias a Dios por la música. Al dios en que usted crea. Es algo que nos permite olvidar por un instante nuestra miserable condición de humanos, y elevarnos por encima de las nubes. En última instancia, recuerde cómo conoció a su pareja, y si no hay algún bolero, alguna canción romántica que le traiga a la memoria aquellos momentos vividos. La música nos pone en paz el alma. Nos sensibiliza, y sobre todo, nos hermana.

En nuestro país se festeja el día de la música el 22 de noviembre, festividad de Santa Cecilia.

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This entry was posted on Friday, July 4th, 2008 at 6:25 am and is filed under Artículos. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

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