CORTES DE AMOR

CORTES DE AMOR

 

Entre los grandes cambios que experimenta la sociedad feudal en el siglo doce, quizás el más importante es el que se refiere al papel de la mujer. Hasta la primera mitad de este siglo la mujer desempeña un rol secundario. Es la administradora y encargada de atender el castillo y los bienes de su señor, especialmente cuando éste va a la guerra (o al pillaje), pero ella misma es uno de los elementos del inventario. Recién en la segunda mitad de este siglo, que vio reinar a dieciséis papas, con las telas y los adornos preciosos traídos de oriente, con los jóvenes varones que comienzan a pasar más tiempo en casa y menos en la guerra, si bien la guerra y el pillaje siguen siendo la principal industria para la nobleza y aristocracia, que no puede satisfacer sus necesidades con el magro aporte de sus vasallos, además de la presencia de los trovadores, hombres generalmente jóvenes que cantan no sólo las noticias y los viejos cantares de gesta o romances de caballería, sino que además cantan a la belleza de las damas del castillo. A partir de ese momento la mujer empieza a ser reconocida, a un mismo nivel primero, y luego – conveniente apañada por la Iglesia, que acaba de dictaminar que tiene alma, por lo que pregona un mejor trato, más delicado y menos agresivo – pasa, poco a poco, a ser la señora absoluta de la voluntad de todo caballero, y la actitud y costumbres de estos caballeros pasan – poco a poco – a ser más civilizadas y consideradas. En ese increíble sur de Francia, de donde parten todos los cambios sociales, políticos, esotéricos y religiosos, ese sur de Francia que se conmueve con los matrimonios reales armados por los trovadores, por ejemplo, Leonor o Alienor de Aquitania, que era nieta del primer trovador recordado como tal, el duque Guillermo IX, fue reina de Francia en 1137 al casarse con el rey Luis VII, pero en 1152 éste la repudió, y ella contrajo matrimonio con el duque de Normandía, Enrique Plantagenet, quien en 1154 ascendió al trono de Inglaterra. Ella, y otras damas famosas en su tiempo, como Alicia de Champagne, otra de las mujeres de Luis VII; Isabel de Vermandois, condesa de Flandes y otras, inspiradas además en la obra de un tal André Le Chapelain, llamada “El Arte de Amar” en la que daba todas las pautas respecto de cómo debía ser la ética y la conducta de los esposos y de los amantes, integraron las famosas “Cortes de Amor”, singulares tribunales dedicados precisamente a juzgar a los amantes, y que tuvieron vigencia hasta el siglo XV.

 

Las conclusiones a las que llegaban y los fallos que dictaban muestran un concepto bastante diferente del que se tiene actualmente del amor y del matrimonio, sobre todo porque su moral está menos embozada y cargada de prejuicios que nuestra moral actual.

Voy a dar algunos ejemplos de estos fallos, que además a nuestros ojos pueden resultar bastante divertidos.

 

De la reina Leonor: Un caballero que gozaba de la ternura de una excelente amiga, le pidió permiso para vincularse a otra dama con lazos de amor. Concedida la autorización, él se fue y permaneció más tiempo que lo que era costumbre alejado de los placeres de la primera. Pero pasado un mes, el enamorado volvió a ella, diciendo que no se había tomado ninguna libertad con la otra dama ni lo había deseado, y que solamente había querido someter a prueba la constancia de su amiga. Mas la dama lo rechazó como indigno de su amor, alegando que la libertad pedida y obtenida justificaba la privación del amor. Consultada la reina Leonor, el fallo fue:

 

“En amor – dice – es bien sabido que a menudo los amantes hacen como si desearan cariños nuevos para mejor poner a prueba la fidelidad y la constancia de su amiga. Ofende, pues, la naturaleza misma del amor, aquella que por tal razón interrumpe las caricias habituales de su amante o se niega a amarlo, a menos que tenga prueba evidente de que la fe prometida se ha violado”.

 

Otro fallo, esta vez de la vizcondesa Ermenegarda de Narbonne:

 

Una dama, habiendo roto con un amante muy conveniente, para casarse después de un tiempo, con un hombre honorable, quiere desligarse del amor de su ex – amante y le niega absolutamente sus bondades habituales. Aquí, la vizcondesa dice:

 

“El acaecimiento del lazo marital no excluye el derecho del primer amor, a menos que la dama cese completamente de ocuparse en el amor y decida no amar nunca más”.

 

Estos tribunales normaban hasta qué regalos podían hacerse los amantes entre sí, y lo que resulta más divertido, o quizás no hace pensar al respecto, parece que consideraban que el afecto de los esposos no constituía el verdadero goce del amor, al que sólo se podía acceder mediante el amor que hoy se denominaría extramatrimonial, o clandestino.

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This entry was posted on Friday, July 4th, 2008 at 6:00 am and is filed under Artículos. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

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