DIA DEL NIÑO Agosto 1998
GANEMOS UNA SONRISA
Hay una época en la vida en que todo nos parece maravilloso, en la que creemos en la gente, en la que la fantasía nos desborda y vivimos un mundo que se acerca mucho a nuestros sueños. Un mundo sin apuros, sin rencores, lleno de alegrías y sorpresas, y en el que el dolor no se asocia con el sufrimiento. Tal es la infancia. La época en la que somos la semilla del hombre que seremos luego. La época en que se van grabando en nuestra mente y en nuestro corazón las ideas, los sentimientos y las tendencias que más tarde regirán nuestra conducta.
En este mes de agosto se celebra el día del niño. El día de “esos locos bajitos” que nos llenan la vida de ternura, de ilusión y de fe. Porque ver nuestros niños creciendo saludables es una de las más grandes satisfacciones que puede depararnos la vida.
Por eso se nos estremece el corazón al pensar que diariamente mueren de hambre miles de chicos en los países pobres… o no tan pobres. Que en pleno siglo veintiuno haya niños que se comercien como esclavos, o para satisfacer los más bajos apetitos de “gente civilizada” o para consolar aquellas parejas estériles que “además lo quieren rubio y de ojos azules”.
Todos los años hay niños que esperan la Nochebuena solos, en un hospital o en un orfanato, que caminan tres horas para llegar a la escuela, o que en toda su infancia no conocieron lo que es un par de zapatillas. Niños que son golpeados o abusados por sus padres, maltratados por las autoridades; niños quemados o mutilados por la guerra. Viendo toda esta realidad, convoco a juntar todas nuestras voluntades y pensar qué podemos hacer para que esto no suceda más, o por lo menos para aliviar un poco tanto dolor, y podamos sentir que hemos unido nuestro esfuerzo para tratar de lograr un mundo mejor.
Este mes de agosto ganemos la sonrisa de un niuño; aliviemos su dolor, y contribuiremos a lograr un hombre moralmente sano. Esta clase de hombres serán los que construirán el mundo del porvenir.