DE JUNOS, JUNIOS Y BANDERAS

                               DE JUNOS, JUNIOS Y BANDERAS

 

                  (Publicado en “Zona Norte” Núm. de julio de 2006, como reacción ante un artículo aparecido en la misma revista, relacionando a la diosa Juno con nuestra bandera)

 

Por su naturaleza, la mente humana puede acceder corrientemente al estado de letargo, ensueño, desvarío, delirio, vigilia, lucidez, y, menos frecuentemente, poesía.

 

        El “estado de poesía” mantiene al hombre aislado de su entorno, a la vez que le permite observar a ese entorno de forma más objetiva, descubriendo aspectos insospechados en los seres y objetos que lo rodean.

 

        Si bien “lo esencial es invisible a los ojos” al decir de A. de Saint Exupéry, no es menos cierto que hay muchas cosas esenciales que son absolutamente materiales, visibles y tangibles, y las vemos y tocamos todos los días. La mente en estado de poesía ve la realidad a través de un filtro hecho de imaginación creadora, y adjudica a menudo cualidades ilógicas y por qué no absurdas a personajes materialmente incapaces de asumirlas, como los pastores y campesinos sabios y cultos de las narraciones románticas del s.XIX.

 

        En la antigüedad, y posteriormente en determinadas culturas como la céltica, al poeta se lo tildaba de “loco”, es decir, “en comunicación con Dios”. El poeta cantaba las gestas heroicas, era el portador y conservador de las tradiciones, era el que conectaba en la misma cuerda con el brujo, el chamán, el sacerdote, en su tarea de comunicar al “más acá” con el “más allá”.

 

        Y siempre al poeta se le han permitido errores de concepto en aras de la belleza de expresión.

 

        Al hombre siempre le ha gustado que le cuenten historias; por sobre todo que sean historias entretenidas y que terminen bien, aunque contengan algún riesgo; Sherehzade es el prototipo del contador de historias que busca permanentemente la situación, la frase, o la moraleja que satisfaga a su auditorio; (en su caso particular, para evitar que su cabeza sea separada de su cuerpo, cimitarra mediante).

 

        De modo que la poesía, gran motorizador de ideas del que la ejerce y del que la sintoniza, permite que la historia real se resignifique, convirtiéndose, muchas veces, en mito… o el mito en historia.

 

        Juno, Junio, la bandera, nuestra bandera.

 

        No ha sido – ni es – necesario (ni coherente) que la imagen goyesca de Cronos comiéndose a sus hijos origine un proceso en el que intervengan Zeus y Juno inesperadamente misericordes y que termine en nuestra albiceleste enseña que ondea – sacudiéndose significados – sobre los edificios públicos, y saliendo por la ventanilla de los automóviles de los hinchas mundialistas; al contrario, parece más lógico, que un prohombre criollo, formado profesionalmente en Chuquisaca y Salamanca, y profundamente monárquico, cuando haya sido “necesario enarbolar bandera” haya elegido los colores de la Casa de Borbón, que eran los más acordes con su personalidad, su ideología y sus sentimientos.

 

        Sobre todo en esos tiempos tan agitados de pasiones encontradas y de intereses en conflicto, porque no todos los deseos de independencia de los pueblos de América del Sud estaban impulsados por un nacionalismo sano e idealista, sino que se buscaba reestablecer las vías de intercambio comercial interrumpidas por otras independencias, y los ánimos no estaban muy calmos, precisamente, la necesidad de un color más agresivo, como el rojo, por ejemplo, que ostentan muchas banderas del mundo antiguo y moderno, habría sido más adecuado, ya que algunos caudillos y regimientos lo adoptaron como un agregado singular, que impulsaba al combate. Pero no hay que olvidar que las banderas de los enemigos de la Nueva y Gloriosa naciente llevaban ese color en sus estandartes, y podía confundir a los patriotas, haciéndolos caer en más de una situación engañosa, que se pagaría con la vida.

 

        Por otra parte, los uniformes de los soldados (de los que tenían uniforme) se confeccionaban con una sarga azul, tal como el de los granaderos, y es posible que la primera bandera que se jurara en las barrancas del Paraná fuera confeccionada con retazos de esa tela.

 

        Ergo, es posible que una persona de tan noble y austera formación como Manuel Belgrano haya mandado hacer la bandera con los colores de las telas que tuviera en ese momento más a mano, ya que sabemos que nunca hubo suficiente presupuesto para los ejércitos que comandaron éste o San Martín, y que a menudo estos generales tuvieron que solicitar préstamos y dádivas para poder equipar sus regimientos. Belgrano poseía un espíritu generoso, un férreo sentido de la disciplina y el respeto, y una gran fe en la evolución, en el crecimiento cultural de nuestra patria, y en el robustecimiento de sus instituciones políticas.

 

        Junio fue el último mes para Belgrano, postrado en una cama, atacado del mal que contrajo en Europa, en su juventud. Junio vio apagarse esa llama que en Tucumán y Salta fue una antorcha, que doblegó a Tristán, a la indecisión de muchos criollos que no tenían una seguridad sobre qué país querían, y a la pusilanimidad de algunos integrantes de la Junta que pensaron que era muy peligroso dejar a hombres como él, Moreno o Castelli, que desplegaran las banderas de sus respectivos conceptos de patria, y de ideas del estilo de Rousseau, o Voltaire. Junto al Doctor Readhead murió un hombre pobre y decepcionado, que hizo mucho más que crear un símbolo identificatorio; lo resignificó, le agregó galardones que lo hicieron aún más representativo. Hagamos nosotros cada día algo para que nuestra bandera signifique algo más que un color determinado en un campeonato mundial de fútbol. Seamos verdaderamente argentinos. Estemos orgullosos de serlo. Este veinte de Junio icemos nuestra bandera en respetuoso silencio, y con la mirada puesta en el futuro.

 

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This entry was posted on Monday, June 30th, 2008 at 2:35 pm and is filed under Artículos. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

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