SOBRE LA FUNCIONALIDAD DEL CUARTO DE BAÑO
1967 – SOBRE LA FUNCIONALIDAD DEL CUARTO DE BAÑO
La arquitectura moderna, enarbolando la límpida bandera de la funcionalidad, ha variado y diversificado grandemente la línea y aspecto de los cuartos de baño, deshumanizándolos completamente al par que los hermosea en su empeño de transformar en una extraña suerte de laboratorio espacial lo que debería ser un centro de solaz para la higiene y distención del cuerpo y del espíritu.
Por ejemplo, son muy pocos los cuartos de baño que poseen teléfono. Aparentemente, la persona que se está aseando, o está satisfaciendo sus necesidades fisiológicas está proscripta o incomunicada por y con sus semejantes, quienes basados en la negación de una realidad tal como el hacer pis o bañarse, cuando atienden el teléfono indican al interlocutor que “el señor está ocupado”, sin aclarar en qué, privando al pobre ocupante del cuarto de baño el placer de compartir, de tomar el tubo, que debería estar junto al inododro o la ducha, en una ubicación conveniente y cómoda, y responder a su amigo (o amiga): “Sí, estoy defecando ahora”, o “me estoy mandando uno de inmersión que, bueno, bueno…”, mermando por esta imposibilidad, aproximadamente el cincuenta porciento del placer, el que es mayor cuando es compartido.
Otra cosa que falta en la mayoría de los casos (y de las casas) es la biblioteca lateral, o “biblioteca del sibarita”. No se niega a nadie que la mayoría de los especímenes humanos, en el momento de estar sentados en el retrete, tenemos grandes ideas; que las mayores creaciones de muchos escritores (como en el caso de Agata Christie) surgieron mientras estaban sentados en el brocal del negro pozo donde la mente se hace perceptora de todas las agradables noticias que pueden entrar por nuestros ojos y oídos, y a la vez creadoras de todo lo que en ese momento de relajación del cuerpo y el espíritu permite el medio sensor-emisor producir; por lo tanto estimo que más que necesario se hace fundamentalmente imprescindible la ubicación de una pequeña biblioteca-escritorio, o biblioteca-grabador, en la que pudieran registrarse todas nuestras geniales creaciones para después madurarlas más adelante (quién sabe si no en otra sesión de W.C.), y a la vez, cuando uno quisiera descansar completamente la máquina de pensar, contara con libros seleccionados entre los más gratos al usuario defecante. Esto sí, jamás debe faltar entre ellos la fantasía, la ciencia ficción, y NUNCA, NUNCA, el Tratado de Aseo Anal, del Dr. Prockto.
El piso del cuarto de baño debe se cálido. Cálido y seco. Si es posible, confeccionado con un material que permita la circulación de aire caliente por debajo, una especie de malla abierta de tejido de goma suave y resistente. Un piso de rejilla cálido, seco, y de colores agradables predispone favorablemente el ánimo; (es mejor que pisar la baldosa fría y húmeda, ¿no?). El piso debe ser de un color que no agreda a la vista. Puede ser un beige o café, y de acabado mate.
El techo o cielorraso debe, en todos los casos, ser de vitrales. Si es posible en un color cálido en el que predominen los amarillos o caramelo, y con dibujos tranquilos y sedantes. Nunca, por ejemplo, una escena de batalla, con heridos sangrando y cadáveres destrozados, o el malón avanzando. Si hay ventanas, que es importantísimo que las haya, porque en caso contrario los extractores no bastarían, éstas deben ser amplias, y estar decoradas con vitrales de diseño moderno, en los que no figuren los colores deprimentes como la gama del azul, o el solferino o magenta.
Para la decoración de las paredes se imponen los colores pastel, por más de una razón. Si se decora con mosaico, debe éste ser veneciano, haciendo estricto juego con los vitrales, tanto de las ventanas, como de las eventuales claraboyas del techo.
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Ricardo Rojas, 1967
(Esto fue tema de una conversación en Reading, Inglaterra, con un inglés que tenía los baños con pisos de madera, como los hay en muchas casas inglesas- Y una cerveza “Dark Ale” Riquísima).