RESPECTO DE UN ARTICULO DE “LNR”

Señor Director de “La Nación Revista”:

Luego de haber leído en el número del pasado 5 de septiembre el artículo de la periodista Leila Guerriero, titulado “Monjes Benedictinos, en el Nombre de Dios”, me permito hacer a su respecto algunas reflexiones, que detallo:

1) La periodista hace decir a Paco, un monje: “Llevamos una vida como cualquiera, como cualquier familia normal”; y usa esta frase con ironía cuando describe el durísimo ritmo de vida – horarios de oración, trabajo y silencio – que impone la Regla de San Benito, ritmo que luego describe como “horarios feroces”. Es evidente que desconoce la historia de la Orden, las reformas de San Bernardo, etc., y qué es la vida contemplativa.

2) Me parece poco feliz la imagen de “que mientras el Cordero de Dios ‘saca’ (sic) el pecado del mundo, por la ruta pasan autos con niños chillones…” para crear la sensación de oposición entre clausura y siglo. (No quisiera agregar, pero la idea de “fantasía y realidad” surge sola).

3) Dice más adelante que el licor Benedictino se elabora según una fórmula de los años ’50. Yo, antes de los años cincuenta escuché la versión de que dicho licor surgió de un fracasado experimento alquímico, alrededor del siglo XII, en el que el monje destilador que lo descubrió, buscaba, quizás, la “quinta esencia”.

4) Cuando el monje administrador habla sobre la clausura, la cronista enfatiza la frase “El trabajo es espiritualmente insalubre”. Yo, al respecto, recuerdo simplemente la frase de San Benito.”Ora et labora”. Supongo que pensando así, el administrador no podría ser monje benedictino.

5) Por último, la nota habla de un fraile que demuestra una insensibilidad casi patológica ante el sufrimiento de un pobre perro que se está desangrando, mientras él habla de su quinta. Hay mucha gente así en el mundo, no solamente en los monasterios.

Pienso, Señor Director, que pese a sus particulares características – propias de la vida en clausura – los hermanos benedictinos no son fenómenos exhibibles, sino simplemente hombres bien intencionados, plenamente entregados a Dios. No queramos que sean como nosotros, “los de afuera”. Mejor intentemos comprenderlos.

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This entry was posted on Monday, June 23rd, 2008 at 3:40 pm and is filed under Artículos. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

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