Conferencias - Algo sobre la Alquimia
La Alquimia es, en sí, una filosofía. Una manera de vivir, de pensar, de sentir. Por eso a los alquimistas se les llama filósofos. Tiene una proyección material, que es la que trata especialmente de la trasmutación de los metales, pero fundamentalmente tiene una proyección humana, que es el perfeccionamiento físico y espiritual del alquimista. Digo físico, porque persigue la salud y la larga vida. Y espiritual, porque su practica desarrolla virtudes tales como la modestia, la templanza, la discreción, y el desapego por las cosas materiales.
La alquimia viene de muy antiguo. Hubo alquimistas entre los antiguos griegos, en la China del siglo III, y entre los árabes. Pero no sólo en estos pueblos hubo alquimistas; tampoco lo fueron solamente los monjes medievales, encerrados en sus laboratorios, destilando, destilando. Sí, ellos eran alquimistas, pero tambièn ahora, a principios del siglo XXI hay alquimistas que trabajan los metales y sus átomos mediante técnicas más o menos sofisticadas, pero siempre secretas.
En una interpretación general, el alquimista considera que completa la obra del Dios Creador, al hacer madurar los metales desde que son simples minerales al extraerlos de la tierra.
Por otra parte, desde fines del siglo XVIII la alquimia ha sido desprestigiada. Con la Razón vino el excepticismo. La ciencia actual, o la Ciencia Oficial, como dicen los autores esoteristas modernos, no tolera que puedan existir fórmulas que se recionalicen ni se pesen o midan por otros parámetros que no sean los suyos.
Yo les voy a contar, tratando de que esta charla sea lo más sencilla y amena posible, qué es lo que hacían los alquimistas medievales, qué perseguían, qué elementos usaban, cómo trabajaban, y qué resultados obtenían. También les voy a contar rápidamente, quiénes fueron los más famosos alquimistas a través de los tiempos, y qué pasó con ellos.
A partir del siglo XIII se desarrollaron las prácticas de laboratorio, con el fin de hallar el elemento que:
1º) Curara las lenfermedades, prolongara sensiblemente la vida del hombre, y
2º) Convirtiera por su solo contacto los metales inferiores (plomo, estaño, atimonio, llamado éste Regulo, el pequeño rey por su facilidad para alearse con el oro) en oro o plata; y menciono la plata al mismo nivel que el oro, porque entonces en Europa ese metal era muy escaso y se cotizaba muchísimo, por eso, con respecto a la Orden de los Templarios se decía que la conseguían por medios alquímicos, y luego se dijo que habían viajado a América antes de Colón, donde la conseguían fácilmente.
Se buscaba la trasmutación según se cumplieran determinadas condicion es. El elemento de referencia era la Piedra Filosofal, tan nombrada en los relatos medievales como el Santo Grial, y en términos generales su simbología se basa en que el hombre sería el Vaso que recoge la energía vital, o que experimenta la trasmutación, como también lo sostiene la masonería.
La alquimia medieval europea se origina en la filosofía de Hermes Trimegisto, que fue un personaje muy particular, probablemente un líder egipcio prefaraónico, al que algunos autores pretenden identificar con el dios griego del mismo nombre, el romano Mercurio, o el egipcio Thot. Según la leyenda, este Hermes estaría enterrado bajo la pirámide de Gizeh, y en ese lugar los soldados de Alejandro Magno habrían encontrado una tabla o placa de esmeralda en la que, grabada con diamante, se encontraría toda la fórmula para hallar la famosa Piedra Filosofal.
Pero el contenido de esa famosa Tabla de Esmeralda, o Tabla Esmeraldina, como también se la conoce, es totalmente ininteligible, y les voy a explicar porqué:
Todos los tratados sobre alquimia, ya estén firmados por Basilio Valentín, Roger Bacon, Nicolás Flamel, Paracelso, o Santo Tomás de Aquino, están escritos en forma críptica; es decir, haciendo lo posible para que el que lee sin estar preparado para recibir el Conocimiento no entienda absolutamente nada, o casi nada de lo que se enseña. ¿Por qué?
Porque: 1º) No se escribe para todo el mundo. Se escribe sólo para los iniciados. La alquimia es una ciencia oculta y esotérica.
2º) De hecho, el que lee debe estar preparado por sus estudios y prácticas alquímicas anteriores, por lo menos con un discípulo de algún alquimista, y
3º) Porque se considera que si se explica todo fácilmente, el discípulo perdería el placer de la búsqueda, y la práctica de la investigación, que además templa el caráctger. Hay que ver que la alquimia es una disciplina que constituye un camino para forjar el carácter del artista. Artista o artesano es otra denominación para el alquimista, al igual que filósofo.
Por ejemplo, en la Tabla de Esmeralda se leía lo siguiente: (Hemos elegido la traducción de Titus Burkhardt, quien la tomó de los textos latinos y árabes). Dice:
1) En verdad, ciertamente, y sin duda, lo de abajo es igual a lo de arriba, y lo de arriba igual a lo de abajo, para obrar los milagros de una sola cosa.
2) Así como todas las cosas proceden del Uno, y de la mediación del Único, también todas las cosas nacen de este Uno mediante conjugadción.
3) Su padre es el Sol, su madre la Luna, el Viento lo llevó en su vientre, y su nodriza es la Tierra.
4) Es el padre de las maravillas del mundo entero.
5) Su fuerza es perfecta cuando se convierte en tierra.
6) Separa la Tierra del Fuego, y lo fino de lo grueso, suavemente y con todo cuidado.
7) Sube de la Tierra al Cielo, y de allí vuelve a la Tierra, para recibir la fuerza de lo de Arriba y de lo de Abajo. Así poseerás la luz de todo el mundo, y las tinieblas se alejarán de tí.
Esta es la fuerza de todas las fuerzas, pues vence a todo lo que es fino, y penetra en todo lo sólido.
9) Por tanto el mundo pequeño está hecho a semejanza del mundo grande.
10) Por ello y de este modo, se obrarán aplicaciones prodigiosas.
11) Por eso me llaman Hermes Trimegisto, pues yo poseo las tres partes de la sabiduría de todo el mundo.
12) Terminado esté lo que he dicho de la obra del sol.
Los tratadistas medievales se dividían en Caritativos y Codiciosos, según dieran más o menos claves para entender la explicación del significado de lo grabado en la Tabla de Esmeralda. Incluso hay un libro editado en 1677, en La Rochelle, cuya edición española de 1981 tengo yo aquí, y ustedes pueden ver; el llamado “Mutus Liber” o Libro Mudo, que no tiene ningún texto, sólo láminas que darían la pauta de la tarea a realizar. Esta edición trae comentarios hechos en 1966 por un famoso alquimista contemporáneo, Eugène Canseliet, discípulo de Fulcanelli, el gran alquimista del siglo XX, autor de “El Misterio de las Catedrales” y “Las Moradas Filosofales”, pero según debe ser un tratado de alquimia que se precie, no aclara absolutamente nada, por lo menos para el profano.
Incluso hay una arquitectura alquímica. Sabiendo leer el simbolismo de las esculturas y bajorrelieves que adornan los frentes y el interior de las más importantes catedrales de Francia, como Chartres, Amiens, Bourges, etc., se comprenden los mensajes sobre elementos y procedimientos que allí se exhiben (en clave, claro está). Sólo para iniciados.
Aquellos que se dedican a las Artes Alquímicas se dividen en:
ADEPTOS: Son los que, habiendo realizado la Obra completa, HAN ENCONTRADO LA PIEDRA FILOSOFAL.
ALQUIMISTAS: Los que, habiendo realizado las dos primeras partes, o pasos, o habiendo realizado la totalidad de la obra, NO HAN ENCONTRADO la Piedra.
ARQUIMISTAS o FRAGUADORES: También llamados SOPLADORES: Son aquellos que pretenden llegar a la última fase de la Obra alterando, mezclando o acelerando las etapas y los tiempos.
Aseguro a ustedes que así se han descubierto varios elementos químicos, aleaciones, ácidos, gases y explosivos, muchas vececs a costa de la vida del fraguador. También es tradición que así se descubrió el exquisito licor Benedictino; lo descubrió un monje de esa orden mientras buscaba la famosa “Quinta Esencia” destilando distintos alcoholes. Procedimientos como el Baño de María (por la alquimista María la Judía), y elementos de trabajo como el alambique, tienen el mismo origen alquímico.
fPor último están los AMANTES DE LA CIENCIA, que son los que se interesan o simpatizan con el Arte Alquímico, pero que no hacen experimentos ni intentan hacerlos.
Como ven, la alquimia es una técnica de laboratorio (los alquimistas dicen que es un arte) que requiere absoluta dedicación, paciencia y perseverancia. Indudablemente es un arte, porque arte es todo aquello que el hombre realiza y es producto de su imaginación creadora. También arte es la habilidad con que lleva a cabo su obra.
Vamos a ver ahora los elementos de trabajo del alquimista:
El alquimista necesita, ante todo, el ATANOR, que es el nombre que lleva un horno especial, hecho de ladrillos refractarios, de entre un metro cincuenta y dos metros de altura, incluída la base de un metro, y de unos ochenta centímetros de ancho y profundidad, con un tiraje determinado para mantener la temperatura pareja, y la circulación de calor permanente. En este horno se coloca el HUEVO ALQUIMICO, en un nido de arena o de ceniza, que mantiene su temperatura uniforme. Este huevo alquímico es un matraz, o sea un recipiente de vidrio en forma de huevo, con un cierre sellado de tal manera que no deja pasar el aire, y se denomina “Cierre hermético” en homenaje a Hermes Trimegisto; de ahí viene, justamente, la denominación que ha perdurado hasta nuestros días.
Se necesita fuego de carbón de leña para la Obra; se ha probado con gas, con petróleo, e incluso en el siglo XX se ha intentado con hornos eléctricos, pero la cocción no se puede llevar a cabo en un atanor que no esté alimentado con simple carbón de leña. La temperatura no debe ser ni muy alta ni muy baja. Hay temperaturas para fundir, y temperaturas para mantener la cocción. Esta última se mantiene en una constante de aproximadamente treinta y siete grados Centígrado, la temperatura normal promedio del cuerpo humano. A veces haya que subir o bajar el fuego de golpe para obtener determinados efectos o resultados. Pero hay que tener en cuenta que dentro del huevo alquímicose desarrolla otro calor que se genera en la materia en sí, lo que se denominaría hoy “el calor de la reacción química”. Dicen los tratadistas que la corriente de aire para avivar el fuego, es fundamental, del mismo modo que la respiración en el yoga.
Bien. El quid de la cuestión es qué se pone dentro del matraz. ¡Ahí está la cosa! Si leemos los antiguos tratados, vemos que dicen, por ejemplo:”La Materia Prima designa la Mina que encierra en su seno el Azufre, elemento masculino; el Mercurio, elemento femenino, y la Sal de los Filósofos. La Materia Segunda designa al agente secreto conocido como Fuego Secreto, Mercurio Filosófico, Esputo de Luna, Vitriolo, etc. Este elemento determinaría el brillo, la ductibilidad, y la maleabilidad de los metales; el tercero, que se denomina Sal, y que es posible que se trate de arsénico, o algo cercano a este cuerpo, reúne en sí los cuatro elementos: Es Tierra, cuando se presenta en forma sólida. Agua, cuando se funde; Fuego cuando se la aviva, y Aire, cuando se la hace subir como vapor. Como dicen los filósofos, “es el único elemento que lo hace todo”.
El proceso alquímico, para decirlo en forma sencilla, estriba en dos procesos fundamentales. “SOLVE ET COAGULA” (Disuelve y condensa, o solidifica). No es tan sencillo como parece, pero se podría comparar con una sencilla destilación, en la que se separan los elementos que componen las materias Prima y Segunda, y se condensan, desprovistos de sus impurezas, ayudados por la famosa Sal, o Tercera Sustancia.
Para los alquimistas de la Edad Media, los metales estaban compuestos por partes de azufre, mercurio y sal. Por ejemplo, el Cobre era: Partes iguales de azufre y mercurio, y como quien dice, “una pizca de sal”. El oro, según el árabe Geber, siglo VIII, “está integrado por un mercurio muy sutil, y algo de azufre muy puro, fijo y claro, con una coloración rojiza; pero como este azufre no tiene siempre la misma tonalidad, pues a veces es más o menos oscuro, resulta que el oro es más o menos amarillo según los casos”. Roger Bacon, en el mismo siglo escribe que “el oro es un cuerpo perfecto, compuesto de mercurio puro, fijo, de un rojo brillante, y por azufre puro, fijo, rojizo e incombustible”. Eso demuestra dos cosas: Una, que no siempre que se dice azufre o mercurio se está queriendo decir azufre o mercurio. Y otra, que las proporciones de estos elementos pueden modificarse mediante la acción de un agente catalizador, que sería la Piedra Filosofal.
Esto, en lo que hace a la materia, al metal. En lo concerniente al alquimista, dice la Kabbala: “El cuerpo humano es el matraz en que se efectúa esta transformación. Se trata de disolver hasta los hilos más sutiles del deseo y del afecto. Dirigir a lo Alto la corriente de la vida, y coagularla con los puros elementos del alma. Si la vida del alquimista ha sido licenciosa y pecadora, tardará más en producirse el cambio. Si ha sido just y pura, habrá menos dificultad”.
El concepto de trasmutación que aceptaban los alquimistas cristianos como Santo Tomás de Aquino, tiene que ver con la teoría aristotélica de la materia y de la forma. La materia sería el elemento del que están hechos los metales, y la forma sería un metal determinado. Así la trasmutación sería un mero cambio de forma.
Bueno, voy a tratar de dar a ustedes una idea de lo que sería la Gran Obra, pero como comprenderán, estoy quemando etapas kilométricas, ya que no puedo pormenorizar aquí mi versión de la Obra Alquímica, porque, además de no terminar en toda la noche, es muy posible que la fórmula no sirva absolutamente para nada, por lo que ya he explicado. Hay que ver que los alquimistas que han tenido éxito, generalmente han pasado de tres a treinta años experimentando, fracasando, estudiando, empezando de nuevo… y los que no han tenido éxito, también.
Si yo les leyera a ustedes un poco más de lo que es una fórmula alquímica, verían que, en principio, no se entiende nada. Escuchen: “El Mercurio es del Dragón Venenoso que lo devora todo, el agua que da escalofríos, y el presentimiento de la muerte. El secreto consiste en que sepamos extraer del cuerpo de la magnesia el mercurio que no arde… es decir, debe extraerse de ellaun agua viva incombustible, y hacerla cristalizar con el cuerpo perfecto del sol, que se diluye en esta agua hasta convertirse en una materia cremosa y blanca. Pero antes, el sol, per efecto de la putrefacción y descomposición que experimenta en estqa agua, perderá su brillo, y quedará opaco y negro. sin embargo, el mercurio es el agua de la vida, y la fuente en que deben bañarse el Sol y la Luna (el oro y la plata)”.
Y para no hacer esto cada vez más complicado, aquí va lo que yo he sacado en conclusión, a través de lo que dice Jacques Sadoul, un autor francés, alquimista y amigo de Jacques Bergier, que si ustedes no lo conocen, al menos lo recordarán como uno de los autores de “El Retorno de los Brujos”, aquel libro que revolucionó bastante el pensamiento de su época, y escandalizó a la Sociedad Racionalista Francesa. A la fría receta, eso sí, haya que agregarle noches en vela junto al atanor, y días sin comer ni descansar, vigilando la cocción, bueno, habiendo verificado que fuera el momento propicio del año, pues todo tiene que ver, así como la luna sobre las mareas etc. Hay que verificar el lugr, la estación del año, el día y la hora.
Se toma una cantidad determinada, digamos cinco kilos, de la Materia Prima, que puede ser la pirita, o sulfuro de hierro, o talvez la estibina, que es el sulfuro de antimonio, o una mezcla de las dos. Eso se muele en un mortero de ágata, mezclado con la Sal Doble que constituye el Fuego Secreto. Se debe empapar esto con el Rocío de Mayo (en el hemisferio norte; aquí sería el rocío de septiembre u octubre). El Rocío de Mayo es eso, rocío, que contiene una fuerte base de salitre, que se recoge en grandes paños que se retuercen, se escurren, a fin de eliminar el agua. El salitre que resulta de la evaporación se pulveriza, se mezcla con los otros elementos, se vuelve a pulverizar todo, y se introduce en el matraz, comenzando una cocción que durará un tiempo determinado, hasta que el contenido del matraz se convierta en una tierra blanca.
Aquí termina la primera etapa de la obra. Son tres etapas. La segunda etapa se ocupa de obtener por calcinación una tierra formada por óxido de oro, sal, y diversos ingredientes que constituyen una especie de puré que se deja fermentar, se enfría, se vuelve a calentar, se destila, etc., hasta que se obtiene, al cabo de cuarenta o cincuenta días una tierra negra que los filósofos llaman el Estiércol de Caballo. Eso llega a convertirse en algo que se separa en sólido, y líquido aceitoso. El sólido se desecha, y el líquido se toma como materia prima para la tercera etapa de la Obra. La segunda etapa que acabamos de mencionar, se denomina Rebis. En la tercera etapa, o Tercera Obra, la definitiva, ese líquido, solidificado luego de distintos regímenes de clor, luego de ctorce días se volverá a licuar, y en un determinado momento comenzará a emitir una, primero débil, y luego poderosa luminosidad, dividièndose en numerosos granitos sólidos, de un color rojo intenso, como sangre coagulada. Este polvo, según los Sabios, se llama Polvo de Proyección, y no es otra cosa que la PIEDRA FILOSOFAL.
Esta Piedra Filosofal, que no siemjpre es roja, sino que muchas veces es amarilla como el azufre, se une a preparaciones de oro o plata purificados. Si es de oro, el polvo o Crisopeya es rojo. Si es de plata, es blanco. Este polvo está formado por un gramo de Piedra Filosofal por cada cien gramos de metal precioso.
Para trasmutar los metales, se procede de la siguiente manera: Se funde en un crisol una determinada cantidad de plomo, estaño u otro metal, como dirían los filósofos, “imperfecto” o “inferior”. Una vez que el metal está derretido, ya en estado líquido, se toma una pequeña cantidad de Polvo de Proyección, como del tamaño de una uña, o quizás un poco más chica, se la lenvuelve en un papel, o se la recubre con una bolita de cera, para evitar que los vapores del metal fundido anulen su efecto, y se la deja caer dentro del crisol. Luego de que el polvo hace contacto - sin aire - con el metal fundido, simplemente, éste se convierte en oro, o plata, según el tipo de polvo que se haya introducido. Creer, o reventar.
Cuado se saca el Polvo de Proyección del Matraz, quedan en él otros elementos que deben lavarse con agua tridestilada. Esa agua, a la que se le llama “Oro Potable”, constituiría una poderosa medicina contra todas las enfermedades, y confiere, al parecer, la “larga vida”. Parece que quien la bebe en determinadas dosis sufre de fiebre, luego se le caen el pelo, los dientes y las uñas; pasado un tiempo vuelven a crecerle nuevos, y desde entonces no necesita alimentarse, no tiene necesidades fisiológicas, y lo que es más importante, no envejece ni muere jamás. Ustedes habrán oído hablar del Conde de Sait Germain, ese es el caso de un alquimista que no habría muerto jamás, y que según la leyenda estaría viviendo aún entre nosotros.
Dicen varios autores de tratados de alquimia, que el hecho de que los metales se trasmuten o se purifiquen es la señal de que la calidad del Polvo de Proyección es buena como para preparar el Oro Potable, o Elixir de la Larga Vida. La trasmutación, según esos autores, sería un efecto accesorio, una feliz consecuencia, que reportaría un beneficio económico adicional.
Este procedimiento que hemos visto bastante a la ligera, se denomina “La Vía Húmeda”. Existe otro medio mucho más rápido, la vía seca, que permite realizar todo el proceso alquímico en algo de tres días, y se basa sobre todo en sublimaciones, o sea converftir los sólidos en gas, en el lenguaje alquímico “la Tierra en Aire”. Lews digo que la mayoría de los que lo intentaron volaron en pedacitos, pues así se descubrieron muchos explosivos. Tambiáen existe una “vía fría” que, salvas sean las distancias, hay quien dice que ha sido la empleada por estos científicos norteamericanos que hace relativamente poco tiempo dijeron que podrían conseguir la fisión o fusión atómica en frío sin toda la jungla de aceleradores de partículas y otros elementos que constituyen las herramientas de la “Ciencia Oficial”. Luego se llamaron a silencio. Que cad uno piense como le parezca.
Respecto de la vida de los alquimistas, por lo que se sabe, nin guno murió antes de los ochenta años, lo que es un buen promedio, por ejemplo, en el siglo XVIII, cuando el promedio de vida era de treinta y siete años. La tradición dice que en realidad, a esa edad (80) hacían figurar que morían, pero entraban, como quien dice, en la “clandestinidad”, para poder seguir trabajando, escribiendo, o a veces disfrutando en una paz serena de sus riquezas materiales, sin hacer en absoluto ostentación de ellas.
Fueron alquimistas reconocidos:
Alberto Magno, siglo doce. Arnau de Vilanova, siglo doce. Ramón Llul, o Raimundo Luglio, siglo trece. Roger Bacon, siglo trece. Santo Tomás de Aquino, siglo trece. Cristian Rosenkreutz, siglo catorce, fundador, según se dice de la Antigua y Mística Orden Rosa Cruz. Nicolás Flamel, y su esposa Perrenelle, siglos catorce y quince. Bernardo el Trevisano, siglo quince. Paracelso, siglos quince y dieciséis. François Rabelais, autor de “Gargantúa y Panbtagruel”, siglo dieciséis. John Dee, siglo dieciséis. El Conde de Saint Germain, varios siglos y varias personalidades asumidas, (no me fío). Sir Isaac Newton, siglos dieciséis y diecisiete. Fulcanelli, a quien nadie ha visto personalmente, y cuyo verdadero nombre no se conoce, autor de “El Misterio de las Catedrales” y “Las Moradas Filosofales”, contemporáneo, siglos diecinueve y veinte, desaparecido, y Eugene Canseliet, contemporáneo, siglo veinte, fallecido. La lista sigue, pero llevaría varias páginas y no es éste el momento de consignarla completa. De todos modos, siempre alguno me quedaría en el tintero, no sólo porque no lo mencionara, sino porque muchos no se dieron ni se dan a conocer.
Bueno, con estas palabras creo haber dado un panorama general de la Alquimia, ciencia o arte que no pertenece ni exclusivamente al plano de lo espiritual, como unos creían, ni al plano material como muchos lo sostuvieran. Yo sé que han quedado al respecto varios temas por tocar, como la relación de la alquimia con la astrología u otras ciencias ocultas, quizás podamos ir develándolas más adelante, en otra charla. Espero que ésta de hoy les haya interesado. Muchas gracias.
Charla dada en el Club “Diálogos y Conferencias” Centro de Oficiales de las Fuerzas Armadas, Av. Quintana 161, Buenos Aires, el jueves 16 de junio de 2005.