Reflexión del hombre anciano, en 2004
Reflexión del hombre anciano, en 2004
¿Por qué ha de ser todo rígido, el sombrero en la cabeza, los guantes en las manos y los zapatos en los pies? ¿Es tardía la rebeldía a los setenta?
(Los cobardes y los estructurados la confunden con el alzheimer).
¿Por qué se considera a la vida como un contínuo? ¿Por qué todo ha de tener un principio y un final?
La vejez y la muerte, cuando sobrevienen, ¿no son acaso una molestia para la realización?
¿Qué es “estar integrado a la sociedad”? No es otra cosa que obedecer ciegamente las normas que ésta imparte, ahogando lo que cada individuo tiene de creativo. No digo ya la aberración sexual, o el abuso contra una criatura inocente, pero sí me parece innecesario el respeto a los cadáveres, y todos los rituales con que el hombre quiere disimular – y al fin y al cabo manifiesta – sus instintos animales.
La literatura – y la filosofía – estan por desaparecer. El hombre, en su información excesiva, ha llegado hasta los límites del tiempo y del espacio, y ha cerrado las puertas al espíritu. Los voceros de las distintas religiones cada vez más parecen recitar salmodias huecas; el hombre ha perdido la sensibilidad junto con la esperanza.
La sociedad, bajo el amparo (o la guía) del hedonismo y el mercantilismo, sólo busca engrosar sus bolsillos inventando carencias materiales, y vendiendo la forma de satisfacerlas. La Iglesia ha pasado siglos destacando el lado animal del hombre, y pregonando la frustración y el sacrificio como método para mejorarlo, para sacar al hombre de su natural animalidad.
Al hombre le seducen el cambio y la novedad, pero también lo atemorizan. San Francisco de Asís y San Agustín son dos ejemplos de quienes han vencido al temor, para lograr el cambio.
Un gran pensador, y gran observador de la realidad, ha sido Albert Camus, pero fue vencido por la desesperanza.
No sé si será cierto que es un deber el poner esperanza en lo que se escribe; sol, luz y color sólo son ejemplos materiales para hablar de las tres virtudes que son las banderas del Cristianismo: Fe, Esperanza, y Caridad. Veamos qué se pretende con estas banderas.
Fe, esperanza y caridad son los tres pilares que sostienen al hombre, y son fundamentales para que la especie perdure sobre la tierra. Un hombre descreído, desesperado, y sin amor – ni odio – contribuye activamente a la extinción de la especie humana, lo mismo que aquél que practica el asesinato, el coiptus interruptus, la masturbación, la homosexualidad y el incesto.
El modo en que el hombre actual (lo mismo que el primitivo) tiende a satisfacer sus necesidades inmediatas, pone en peligro su futuro como especie inteligente, y – por lo menos, por ahora – dominante.
TO BE CONTINUED 8-10/5/04.